EL ROL DE LAS PLATAFORMAS EN PLENA GUERRA por Mariano Quiroga

La frase que dice: “Gracias a internet te podes enterar de lo que pasa en la otra parte del mundo”, queda cada vez más en evidencia que no es del todo real. Conflictos como los que están sucediendo entre Rusia y Ucrania demuestran que las redes están muy lejos de ser neutrales y que pueden tomar partido a favor de quien le convenga, como ha quedado demostrado en estos días al censurar cuentas provenientes de Rusia.

Gracias a sus poderosos algoritmos que pueden segmentar lo que vemos las redes construyen opinión constantemente. Son territorios cuyos dueños responden a los intereses de Estados Unidos. En la nota que Multiviral le hizo a Esteban Magnani, el periodista deja en claro que desde su concepción todas las plataformas digitales fueron parte de un plan geopolítico estadounidense que fue iniciado en plena Guerra Fría.

Facebook tomó la decisión de censurar cuentas de noticias provenientes de Rusia como lo son Sputnik o RT, dejando en claro que condenan el accionar militar encabezado por el presidente Vladimir Putin. Pero en sus cuentas hizo caso omiso a cómo durante muchos años se financió el grupo neonazi paramilitar “Batallon Azov” así lo deja en claro el documento realizado por la ONG “Centro para la Lucha contra el Odio Digital” que en sus líneas dice:

«Los fascistas modernos radicalizan, reclutan a sus miembros en estas redes sociales en las cuales se sientan cómodos usando las plataformas para vender productos con sus símbolos, como si fueran marcas convencionales… se le informó a Facebook sobre este problema específico hace dos años, pero no tomó ninguna medida.»

Twitter, siguiendo la misma lógica que Facebook, también tomó partido en esta disputa y decidió añadirle una etiqueta a las cuentas de periodistas que están cubriendo el conflicto. El periodista Martin Becerra saco un artículo muy esclarecedor sobre el tema donde argumenta que:” La decisión es problemática, en primer lugar, porque la metodología que emplea Twitter para sindicar «medios afiliados al gobierno» es viscosa. La plataforma sólo etiqueta así a algunos medios de algunos gobiernos del mundo, no a todos (ni a la mayoría) de los medios estatales no gubernamentales, tampoco a los que reciben la mayor parte de sus recursos de gobiernos para funcionar. Hay un obvio encuadre peyorativo en esa selección por conveniencia política. Con ello, Twitter muestra, tal vez sin quererlo, su propia «línea editorial» en la gestión de contenidos, tarea a la que alude como «moderación de contenidos”.

No es la primera vez que ocurre este accionar discrecional. Sobre las espaldas de Facebook se carga lo que fue el golpe de Estado en Myanmar; las pruebas indican como las Fuerzas Armadas usaron las redes sociales de Mark Zuckerberg como parte de una campaña sistemática de odio contra una minoría étnica musulmana: los rohingyas. La ONU declaro que lo sucedió en la ex Birmania fue una “limpieza étnica” que llevó a abandonar el país por la fuerza a casi 700 mil integrantes de esta comunidad. Durante meses la empresa no hizo ningún movimiento para parar lo que es considerado como uno de los desplazamientos humanos más importantes de las últimas décadas.

Hechos como estos representan una buena oportunidad para volver a poner sobre la mesa la necesidad de conocer las reglas de juego de cada uno de los territorios donde se construye la comunicación. Entender que podemos usarlos, pero siempre siendo conscientes que son bajo las condiciones de quienes construyeron las plataformas.

Publicado originalmente en Multiviral

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