HEGEMONÍA CULTURAL DEL TENER FRENTE AL SER: EXPRESIONES MEDIÁTICAS Y EDUCATIVASpor Carlos Riádigos Mosquera

Resumen:

En sistemas de organización social basados en la acumulación de capital, las diferentes expresiones culturales que surgen dentro de ellos se ven influenciadas por ésta, de forma que lo que se investiga, piensa, cree y educa es mediado por parámetros basados en el lucro. Así, algunos ejes clave sobre los cuales el ser humano articula su pensamiento y acción están en creciente proceso de mutación, progresivamente consolidados sobre un esquema de ideas que en este texto será relacionado con la cultura hegemónica del tener, con potencial vertebrador y que se impone sobre otra basada en el ser, lo que aquí es relacionado con necesidades y expresiones humanas existenciales que van más allá de la acumulación material.

A través de la discusión teórica, el objetivo perseguido es repensar cómo mecanismos de aculturación tan importantes como los medios de comunicación o la educación influyen y son influidos por paradigmas de pensamiento profundamente arraigados y relacionados con la propiedad como elemento constituyente, para imaginar la reconstrucción de otros enfocados en necesidades humanas más amplias y relacionadas con aspectos inmateriales y sociales.

Introducción


Todo pensamiento humano está condicionado por su finitud, una limitación temporal consustancial a nuestra propia naturaleza. Lo que en distintos momentos y lugares fue asumido como lógico, fundamental y permanente, en otros pudo haber sido desconsiderado o cambiado con el paso del tiempo. En la actualidad, la enorme importancia del tener en gran parte de las sociedades del planeta (Fromm, 2007) tiene la capacidad de mediar todo tipo de comportamientos tanto a nivel individual como colectivo, en detrimento de otros más relacionados con experiencias no directamente vinculadas con la posesión de bienes materiales, más cercanas a ser. Para entender el por qué de estos cambios temporales y espaciales, se hace necesario recurrir a causas primarias de generación ideológica, para lo el concepto de hegemonía cultural puede ser de gran ayuda, referido al modo que la clase dominante, fuertemente relacionada en contextos capitalistas con la acumulación de capital, tiene para poder marcar la norma o el sentido común, a través de una serie de percepciones, explicaciones, valores y creencias (Gramsci, 2010), lo que es una forma de dominación aparentemente inocua, limpia y neutra.

La estructuración del pensamiento entorno al tener bebe, entre otras fuentes, de la lógica liberal en la que la propiedad conforma una parte indispensable de la base cultural para la legitimación de los derechos básicos individuales. Según esta forma de concebir el mundo, las personas son lo que son con respecto a las demás en buena medida en función de aquello que puedan poseer, lo que puedan tener, y siempre desde la óptica individual y/o familiar, ya que la posesión de bienes pública y/o
colectiva está alejada del núcleo ideológico de este paradigma. El dominio de la cultura que entiende las relaciones sociales principalmente como potenciales herramientas para la posesión de bienes, y que silencia capacidades y posibilidades de construcción colectiva de un mundo basado en otro tipo de necesidades humanas y ambientales, se basa en el individuo autosuficiente e independiente como marco primario de referencia política, económica y social (Beck y Beck-Gernsheim, 2003), fenómeno intensificado y diversificado con la corriente neoliberal. De esta forma, se viene produciendo una progresiva traslación de formas más “moleculares” de entender la sociedad a otras más “atómicas”, con la consiguiente pérdida de referencias comunales y con la individualidad enfocada hacia la propiedad como el más fundamental de los derechos.

Es intención de este texto confrontar lo anterior con la lógica del ser, aquella que conduce a priorizar ingredientes para la existencia humana venidos desde posiciones más ecológicas en lo intelectual, social y ambiental, a través de la valorización de facetas inmateriales de la vida y
que habitualmente son relegadas a un segundo plano, como la ética, la moral, la espiritualidad, o las relaciones comunitarias y con el medioambiente. Esta concepción requiere volver a considerar que la vida sencilla y en comunidad son valores a redescubrir y se enriquecen cuando se cede un poco de libertad individual para apostar por la equidad en derechos y recursos sociales.

Son modelos muy diferentes, y que demandan de la educación papeles casi antagónicos, al mismo tiempo que pueden dejar entrever hacia qué tipo de sociedad se apuesta desde las instituciones que regulan las políticas educativas. Los intentos en los últimos años de introducir asignaturas tan contrapuestas como “Educación Financiera” y “Educación para la Ciudadanía” en el Estado Español, deja clara la existencia de al menos dos caminos no complementarios a la hora de entender la sociedad y el papel de la educación en ella, o lo que puede ser equivalente, la diferencia entre una perspectiva anclada en el tener o en el ser.

Publicado en Educatio Siglo XXI, Vol. 34 nº 3 · 2016, pp. 81-100
http://dx.doi.org/10.6018/j/275791

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