DE LA PISTOLA DE PLÁSTICO A LA DICTADURA DEL ALGORITMO por Mauricio Escuela

Esta renovación es tecnología pura y no sabe qué hacer con los cerebros pensantes.


Giovanni Sartori
 

Supongamos que entra en la Red de Redes y mira que su nombre está siendo linchado. Como usuario normal, usted no posee la capacidad para posicionar la verdadera historia, la narrativa más apegada a su existencia y a los sucesos cotidianos. No, ya se le niega de plano ese derecho, toda vez que los algoritmos no benefician sanamente cualquier mensaje y usted solo podrá llegar a un cinco por ciento de su audiencia potencial. Si quiere que se conozca la verdad, o al menos su verdad, deberá pagar, como en efecto hacen ahora esos enemigos linchadores, los que posicionan otra narrativa sucia, espuria y contraproducente.

“La dictadura del algoritmo es un ejercicio consciente de poder”.
Fotos: Tomadas del perfil de Facebook de La Dictadura del Algoritmo

Ese es el fenómeno que aborda la pieza La Dictadura del Algoritmo, filme documental del realizador Javier Gómez, recién estrenado en espacio estelar de la televisión cubana. Un acercamiento no solo a la sociología del odio y el acoso, sino a los mecanismos y resortes internos que mueven a las redes sociales no como un entorno inocuo y fortuito, sino como el nuevo Gran Hermano, ese sujeto omnipotente que pareciera propio solo de las novelas distópicas, pero que ya está aquí y nos acompaña.

Fue H.G. Wells en su libro La conspiración abierta quien se anticipó a la existencia de un mundo hiperconectado, donde las operaciones de dominio, vigilancia e ingeniería social tienden a ocurrir a plena luz del día e incluso con la complicidad de las víctimas. Como queda evidenciado en el filme, a través de flashazos con citas de teóricos y especialistas, la dictadura del algoritmo es un ejercicio consciente de poder, un arma que dispara con la precisión de un reloj suizo, un sujeto mayor, capaz de regir la vida o la muerte, lo correcto o no, lo inmoral y lo moral. Todo ello ocurre de manera arbitraria, sin otras mediaciones que el propio sistema y su naturaleza depredadora. Tesis esta última que es el leitmotiv del filme.

Ideologizar la vida desde lo lúdico, haciéndonos creer que las redes son un juguete, una pistola de plástico, que dispara agua; tal pareciera el objetivo de los pagadores detrás del algoritmo. Por ello, los principales actores de los linchamientos, parametraciones y pogromos no son por lo general rostros terribles ni demonios deshumanizados o gente sin supuesta empatía; sino que, por el contrario, se replica y construye en el entorno de Internet un mundo paralelo y de alternatividad, en el cual se erigen diversos paradigmas contestatarios que sacan de contexto la noción de verdad y la reconstruyen. En esa ideología intencionada y subyacente, el objeto pasivo no sabe hacia dónde lo dirigen ni qué pasará mañana, ya que los mecanismos de dominio normalizan el proceso. Con una gran sutileza y a la vez contundencia, el material de Gómez da espacio a especialistas que abordan cómo se construye ese agujero negro de la realidad informatizada; también podemos escuchar voces nuevas, las cuales ya sea desde el posicionamiento o el haber sido víctimas de linchamientos, nos ofrecen otra luz, el punto de vista necesario que requiere la ingente penetración de las tecnologías en Cuba. En esta cadena de hechos reflejados por el documental, ni siquiera el silencio nos salva, ni nos garantiza un mínimo de respeto, ni es valladar contra la violencia.

 “El documental pudiera catalogarse como una guía práctica para el análisis de las redes en Cuba”.

Y es que de hecho, a los cubanos se nos construye la narrativa de que confrontar ese mundo es ser “retrógrados”, “censuradores”, etc., porque el arma quiere seguir aparentando que es de plástico y que solo dispara inocentes likes, o chorritos de agua. Por ello, la potencia del logo que acompaña la promoción del filme se basa en el dibujo de un arma a partir de íconos de la red social Facebook, la cual por cierto es la de mayor uso entre los nacionales. Para muchos jóvenes aún no ha habido un despertar en serio con respecto a los peligros, debido a la corta y reciente experiencia que tenemos exponiéndonos a las redes. Otros países, con más tiempo y mayor ancho de banda, ya han dictaminado incluso regulaciones. Rusia por ejemplo, hace poco ralentizó Twitter, ya que dicha plataforma promovía páginas donde hay violencia entre menores de edad e incitaciones al suicidio. Un periódico para nada progresista como El País (ahijado del Grupo Prisa), también publicaba una serie de artículos acerca de la dictadura del algoritmo, capaz de visualizar cualquier cosa, con tal de que medien mecanismos de pago e intereses políticos. De manera que no se trata de “hablar mal” de Internet, sino de que se expongan las narrativas ocultas de un arma que sí mata, que sí amenaza y que genera daños antropológicos hacia el interior de las sociedades.

 “Ideologizar la vida desde lo lúdico, haciéndonos creer que las redes son un juguete (…) tal pareciera el objetivo de los pagadores detrás del algoritmo”.

El documental pudiera catalogarse como una guía práctica para el análisis de las redes en Cuba, los sucedidos que padecimos hasta ahora y las tendencias que rodean posibles hechos por acontecer. También, un documento que nos expone lo necesario e ineludible de no abandonar el terreno de la nueva comunicación, en un momento en el cual vendría siendo casi la única manera de hacer, de decir, de perpetuar un mensaje trascendente. Las redes no destruyen reputaciones por sí mismas, ni el algoritmo esconde intricadas intenciones malévolas, más allá del uso que se le da desde los centros de poder. El propio Mark Zuckerberg reconoció que despide miembros de personal de sus oficinas si estos filtran información corporativa, lo cual nos da una idea de cuán parecidas a los Estados son algunas de estas aplicaciones que acceden literalmente hasta nuestro último pensamiento. De hecho, una de las teorías en boga en las academias de ciencia política ahora mismo es la post-democracia, la cual, según dice Giovanni Sartori, su principal referente, acontecería en los medios, las redes, aquellos campos desregulados y fuera de toda legislación consensuada. El poder corporativo es el del dinero, de las finanzas y el entramado del sistema mundo del capital.

Una de las visiones más novedosas que se desprenden del documental se refiere a la ocurrencia de batallas políticas fuera del alcance de lo legal, teniendo ello un alto costo para los implicados que viven en la Isla. De hecho, la mayoría de los linchamientos y descréditos transcurren porque sus agentes se hallan fuera del marco regulatorio y surge entonces un tribunal inquisitorial, de tipo fanático fascistoide, de la corrección política en cuestiones de comunicación institucional, a nivel de individuo y de grupos. Así se crean las burbujas de contenido, las cuales encarcelan y manejan el curso de las conversaciones. Como bien acota Sartori, la post-democracia es la negación de la política, pues todo el poder queda desbalanceado hacia quien posee la mayor propiedad. De tal manera, ocurre el fin del Estado liberal burgués y por derivación de la igualdad ante la ley. En el comportamiento posmoderno de los juicios o linchamientos de redes sociales no hay una desideologización, sino que existe una guía subyacente, una especie de lista, que aguarda su momento de ajuste de cuentas.

 “El documental pudiera catalogarse como una guía práctica para el análisis de las redes en Cuba”.

Como espiral de silencio, la corrección política impone narrativas y silencia actores, construye figuras y despedaza a personas. En esa antipolítica no habrá negociación ni forcejeo, sino que todo se vive en los extremos y el arma que antes parecía inofensiva ahora dispara contra todo aquel que ose separarse del redil. El Gran Hermano está entre nosotros y ni siquiera callando nos salvamos de su poderío. También la post-democracia nos hace creer que en realidad hemos alcanzado una mayor horizontalidad, igualdad y acceso a la libre expresión, e incluso que podemos hacer justicia directamente sin la demora de tribunales, de jueces o procesos investigativos. La virulencia del algoritmo, en ese ecosistema, puede dirigirse en contra de cualquiera que se rebele, sea incómodo o hable o calle demasiado. Javier Gómez graficó, mediante una sinuosa línea crítica, cómo en los últimos años Cuba ha pasado de ser un país donde estas cosas no se conocían, a encarar verdaderos episodios de una guerra sorda, sin cuartel, emotiva, irracional y antipolítica.

 “El material de Javier Gómez (…) nos lleva a razonar sobre la naturaleza de este nuevo mundo, a cuestionarla”.

En el contexto de las relaciones internacionales y de la disparidad tecnológica, la post-democracia, usada contra los países incómodos, ha creado líneas de trabajo muy similares en diferentes latitudes. Por ejemplo, la proclamación de poderes alternativos, erigir gobiernos y presidentes paralelos, la irrupción desde el ciberespacio en los poderes públicos para resignificarlos desde el otro espectro ideológico. Sin la capacidad de penetración de las redes, la vida pública no estaría sufriendo ese viraje de hoy, donde lo privado de pronto dejó de existir. En la agenda del poder corporativo que está detrás de la dictadura del algoritmo no existe una ideología liberal, ni de libre mercado, sino monopólica y totalitaria, de miedo y control social, en la cual el proyecto distópico del futuro es la implantación de un nuevo orden bio-psico-social desde las tecnologías convergentes de la cuarta revolución. Quien revise los acuerdos de importantes foros, como el de Davos, dará de bruces con que, en efecto, elementos de la vida política de hoy como la soberanía popular no están en los planes de la élite para la famosa agenda con miras al 2030. ¿Cómo harán ese cambio?, ya está en marcha, acontece en nuestro celular, segundo a segundo, sin que exista una contrapartida o una vía alterna.

El material de Javier Gómez, que debiera derivar en otros, nos lleva a razonar sobre la naturaleza de este nuevo mundo, a cuestionarla y, ¿por qué no?, hablar mal de Internet. A fin de cuentas no estamos aún del todo bajo el poder totalitario del algoritmo y, mientras haya autonomía e inteligencia, debemos pensar por nosotros mismos. Uno de los gurús de este mundo virtual, Jared Lanier, decía en alguna de sus tantas entrevistas que a estas alturas lo más seguro es irnos de las redes, so pena de padecer el tribunal del linchamiento, el golpe del algoritmo y sus dueños. Sin llegar a ese punto, la reflexión apunta a que el cambio civilizatorio y de lógicas del pensar y de la moral ya está aquí, camina junto a nosotros. Las pistolas de verdad no disparan rayitos de likes ni chorros inocuos de agua. Así transcurre la nueva dictadura.

Tomado de La Jiribilla

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