LA CULTURA COMO UNA COCA-COLA por Mauricio Escuela

La vida en las redes es importante y hasta real, pero la realidad no se puede sustituir, mucho menos tergiversar…

En esa arbitrariedad de las redes se hunde la noción de lo verdadero, y el usuario, inocente que cree en un juguete, no sabe que él mismo es parte de na gran mentira instrumental .

La cultura en las redes sociales se resiente, no solo en lo que respecta a la ortografía, sino en cuanto a las nociones de veracidad, valores referenciales. Así, cualquiera, desde un anonimato casi absoluto, puede desvirtuar lo que sea, a partir del liderazgo real o construido en una de esas redes. El hombre ha puesto nociones muy definitorias en manos de números falsos, que se engordan a partir del algoritmo de un programa informático. Lo que antes fue pensamiento, ahora es casi su negación.

En el mismo momento en que escribo esta columna, le contesto por Twitter a un cubano nuevo rico, que ha tenido el tiempo suficiente como cuentapropista para ser líder en dicha red, sin embargo, el uso que hace de ese poder está lejos de ser responsable. De manera constante debo entrar a corregirle juicios lapidarios contra las instituciones, ataques donde media un delito cercano a la difamación. Porque la cultura en las redes es sobre todo el diálogo, y ese se hace sobre la base de la dignidad otra.

Otras veces he visto cómo la historia se quiere contar a partir de presupuestos ideológicos sin base, solo a partir de un lado del ring del boxeo político, obviando verdades tangibles como la tierra misma. O sea que en el caso de las redes lo que se impone es la existencia de un mundo paralelo, al que se le quiere dar mayor lustre y realidad que al universo vivo y off line. En términos de comunicación eso tiene un nombre, posverdad.

Sabemos, por los más recientes episodios electorales, que el poder de las redes sociales sobre los millenials ha cambiado la faz política del mundo, y que por ello hoy estamos en un mundo cada vez más hacia la derecha. Mediante el anzuelo del hedonismo, muchos adolescentes suelen seguir más a actores y cantantes que ideas sociales, y eso es aprovechado por los poderes fácticos e invisibles de la derecha. Ahí tenemos el caso de los tantos conciertos que se politizan, a los cuales se asiste a darle un espaldarazo a ideas en el fondo muy poco populares e inclusivas.

La vida en las redes es importante y hasta real, pero la realidad no se puede sustituir, mucho menos tergiversar. No vivimos en The Matrix, sino en un mundo donde la gente muere, hay clases sociales, guerras, expoliación, y la cultura es un arma de libertades, no un instrumento más para servir a la propaganda de Chanel o a determinadas intenciones belicistas que andan por ahí.

Lejos de ello, cuando se entra a Facebook tenemos la impresión de hacerlo a “Alicia y el Capitalismo de las Maravillas”, un mundo sin contradicciones, donde todo se resuelve con el insulto, la descalificación y el gesto hostil. Una amiga decía hace poco en un espacio de intercambio que daba a veces asco entrar a las redes, pero es un escenario que, precisamente por estar tomado, como la casa del cuento de Cortázar, no se puede desperdiciar como espacio de confrontación.

Por otro lado, la humanidad se juega muchas cosas en las redes sociales, la mayoría de las guerras e ideas políticas en los últimos tiempos tuvieron lugar primero allí. Baste decir que ya la gente ni siquiera sale a la calle a comprar los alimentos, todo ocurre en las redes, ni siquiera los medios de prensa investigan, sino que en muchos casos copian y pegan de la web. Y en ese mundo construido, nada es fortuito, ya que la noción de libertad es presa de los intereses más mezquinos jamás existentes.

Twitter por ejemplo, tiene normas, que aplica al grueso de los usuarios, pero si usted pacta con la compañía, se pueden violar tales, para alcanzar un liderazgo hipotético en pocas horas y mediante un software ad had hoc. Un amigo hizo el intento de trampearle a esa red y fue penalizado de inmediato, lo cual prueba que “para unos sí y para otros no”. En esa arbitrariedad de las redes se hunde la noción de lo verdadero, y el usuario, inocente que cree en un juguete, no sabe que él mismo es parte de una gran mentira instrumental.

Y es que las mentiras en la Web no son blancas, sino bien oscuras, de intereses bien marcados, con una tendenciosidad que tiende al uso del ser humano como una ficha desechable a nombre de ganancias inmediatas. Ahora mismo, usted que lee, puede estar recibiendo mensajes de parte de desconocidos, allí se le invita a prestar dinero o recibirlo, a dar su tarjeta de banco, su celular. Pues todo eso responde a programaciones de recogida de datos, a nombre de la creación de software que dominen amplias gamas de usuarios que se puedan instrumentar.

En el mundo Web, usted ya no es usted, sino la persona que el dueño de la compañía quiere para sus planes individuales de empresario lobista. Parece paranoico, pero el mundo hoy, gracias a esta instrumentación, es una paranoia. La apariencia sustituye a la esencia, lo visible deja de estar entre nosotros y es un robot.

La cultura, en su visión más amplia, se instrumenta en función de esos constructos de poder, o sea, que deja de estar en manos de los portadores legítimos, se torna más light y despolitizada, casi una coca cola.

 

Fuente: Cubaahora

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s