DISCURSO PRONUNCIADO POR BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA, MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE CUBA, EN LA CLAUSURA DE LA IV CONFERENCIA INTERNACIONAL POR EL EQUILIBRIO DEL MUNDO

PALACIO DE CONVENCIONES, EL 31 DE ENERO DE 2019, “AÑO 60 DE LA REVOLUCIÓN”, LA HABANA, CUBA

Compañero Esteban Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular:

Compañeras y Compañeros del Consejo Mundial del Proyecto José Martí:

Agradezco profundamente su sentida solidaridad con nuestro pueblo, y, en particular, con los habaneros después del desastre natural recientemente sufrido.

En el Día de la Identidad Latinoamericana y Caribeña hemos tenido esta importante jornada.

He escuchado con profunda atención al doctor Eusebio Leal y su mención a las artes persuasivas que hay que tener en cuenta en estos discursos.

Deseo también expresar reconocimiento al premio “José Martí” Roberto Fernández Retamar, y recordar que seremos leales a su idea de que todos crecemos sobre nuestros caídos.

Quiero expresar sentido homenaje al revolucionario y martiano, compañero Armando Hart Dávalos.

No sería posible después de las declaraciones, discursos, ponencias y conferencias presentadas en este evento cualquier pretensión de resumir y mucho más de sugerir y desaconsejan totalmente aconsejar. Solo voy a tratar de expresar sencilla y modestamente algunas ideas, después de haber seguido, en lo posible, los provechosos debates de ustedes, haber tenido algunos intercambios, sobre todo, con participantes en el Taller de Comunicación y recibido el auxilio de un par de persistentes participantes en todas las sesiones.

Vivimos en un mundo de enormes y crecientes desequilibrios que provocan graves amenazas a la paz y la seguridad internacionales, a la justicia y a la dignidad de los seres humanos.

El imperialismo estadounidense se aferra a un orden unipolar, históricamente desechado e insostenible frente a la tendencia al multilateralismo.

Avanza inexorable el cambio climático como resultado de la parálisis estructural que produce el desarrollo capitalista en su fase imperialista y cruelmente neoliberal, y su modelo de producción y consumo irracional e insostenible amenaza la existencia misma de la especie, como Fidel anticipara precozmente en 1992.

Se abre paso a la carrera armamentista y son exorbitantes, pero se incrementan, los presupuestos militares.  Se militarizan el espacio ultraterrestre y el ciberespacio. Se desarrollan armas autónomas y convencionales de gran letalidad.

El desarme nuclear permanece congelado y la existencia de enormes arsenales nucleares, 100 de cuyas ojivas bastarían para provocar el invierno nuclear, constituye una grave e inminente amenaza a la supervivencia de la Humanidad.

El Derecho Internacional es continuamente asaltado, algunos declaran la obsolescencia de la soberanía y superfluos a los Estados.

Ganan terreno, en la doctrina y en los hechos conceptos, peligrosos como “la responsabilidad de proteger”, la “intervención humanitaria”, o se anuncian nuevos o mejor reciclados conceptos como “la paz basada en la fuerza”.

Proliferan gobiernos sin responsabilidad de Estado que se desentienden de obligaciones adquiridas en tratados internacionales, y utilizan elevadas causas humanas o nacionales como mera mercancía en el tráfico de intereses que hoy determina la corrupción de los sistemas políticos y de los modelos electorales y su creciente distancia de la voluntad de los pueblos.

Habitamos un planeta desigual como nunca antes, en que un puñado de explotadores acumula más riqueza que la mitad de las personas y que muchos países juntos, y sufrimos la tiranía de un orden político y financiero expoliador e insaciable que, en aritmética obscena, suma al Producto Interno Bruto las guerras y descarta los beneficios sociales.

De todas, es la América Latina y el Caribe la región de mayor desigualdad y esta es también la vulnerabilidad mayor, el lastre en nuestras culturas, la ofensa a nuestra dignidad y el obstáculo más serio a nuestro desarrollo e integración.  Es la causa esencial de ciertos retrocesos que pretenden revertir el hecho institucional más importante del pasado siglo, como calificó Fidel a la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

La digna posición de los países de la Mancomunidad del Caribe demuestra cuánto podríamos hacer estrechamente unidos.

Avanzamos resueltamente en estas últimas décadas, pero persistió lo estructural.  Se produjeron inéditas conquistas sociales que no estuvieron acompañadas de la generación de similares niveles de conciencia y de movilización popular y, quizás masas de trabajadores, sujetos ahora de nuevos derechos, pudieron sentirse candidatos a la clase media, más que integrantes de poderosos contingentes de trabajadores con poder, o “empoderados” como se suele decir ahora, o sentirse parte de un poderoso Poder Popular.

Ahora el imperialismo estadounidense decreta la vigencia de la Doctrina Monroe y de otras, viejas y nuevas que, atacan la igualdad soberana de los Estados y la soberanía de los pueblos, en especial sobre los recursos, y reprimen en formas diversas y novedosas la libre determinación.

La más poderosa y letal dictadura, más aun que la dominación, es cultural. Un modelo totalitario y avasallador se impone destrozando culturas nacionales, identidades, la historia, la memoria, los símbolos y la individualidad.

La hipermedia es el más desventajoso campo de batalla donde se deforman y manipulan las voluntades y se convierte en dóciles y embrutecidos consumidores a los seres humanos.

Son los datos (digitales) el más preciado recurso en este tiempo, usados para influir sin límite ético en la conducta humana, y lo serán para generar los gustos mismos, los sentidos y las ideas prefabricadas.  Con la persistencia de “la filosofía del despojo”, a las guerras por el petróleo sucederán guerras por el agua. Podría uno preguntarse: ¿Habrá guerras por el control de los datos?

Los fabulosos avances del ámbito digital y de la inteligencia artificial son secuestrados por los intereses clasistas de los poderosos y crecientemente monopólicos dueños de las tecnologías y plataformas tecnológicas transnacionales.

La coincidencia de fenómenos perniciosos relacionados con la evolución de Internet y de las plataformas digitales provocan consecuencias negativas y extraordinarias.  Son procesos que se desarrollan a la velocidad de la luz y rebasan nuestra capacidad de desentrañarlos teóricamente y de actuar sobre ellos como demuestra nuestra experiencia reciente.

Tuvo efecto la presencia del discurso de odio en las redes sociales y las derrotas de proyectos de izquierda, progresistas,  populares, no fueron realmente democráticas, ni obedecen a que estas fuerzas no manejan suficientemente aún estos instrumentos.  En realidad, nos fueron infringidas por laboratorios y estrategas, compañías privadas que controlan alta tecnología, usualmente asentadas en los Estados Unidos, y que se articulan con el sistema tradicional de medios de prensa analógicos.  Mientras estos imponen la agenda, los otros se encargan de mover nuestras emociones y planes personales.

En el caso de las recientes elecciones de Brasil, la web llegó a más de la mitad de los ciudadanos, bajo la influencia de grandes y escasos conglomerados: dos grupos concentraron el acceso a contenidos y aplicaciones, y la circulación de noticias en la red estuvo dominada por otros dos que ya controlaban el ámbito analógico.

Las 10 empresas más poderosas y ricas del mundo, 5 de ellas en las telecomunicaciones, tienen ingresos conjuntos de 3,3 millones de millones de dólares.  Apple sola equivale al Producto Interno Bruto de 43 países africanos.  Solo hay 16 países con un Producto Interno Bruto igual o superior al valor del mercado de Apple.

Unas pocas transnacionales nos imponen sistemas operativos, aplicaciones propiamente dichas o la forma de adquirirlas y controlan los contenidos que se ven, se leen y se escuchan.  Con la tendencia de las plataformas, propiedad de consorcios transnacionales a invertir en sus propios contenidos, se produce un control extraordinario sobre nuestras ideas.

El periódico The New York Times ha llamado a los datos “el petróleo del siglo XXI”, ellos ofrecen a esos grupos extraordinaria capacidad para monitorear y manipular nuestras demandas y emociones, para disputar nuestra atención y para generar el consumo.

Hay un cambio en el modelo de producción capitalista basado en la información como materia prima esencial.

A veces, el debate en la izquierda y en los movimientos populares, sociales e indígenas se extravía entre tomar la calle o tomar la red, como si fueran excluyentes.  Falso dilema. Nuestra lucha tendrá que estar en las calles y en las redes (Aplausos).

 Nuestros gobiernos habrán de ejercer soberanía sobre el ciberespacio y será indispensable determinar sus límites y propiciar el debate internacional y la negociación intergubernamental sobre ello.

Claro que tenemos la fuerza, el conocimiento y la voluntad para aprestar y construir nuestras plataformas e instrumentos para ello y claro que lo haremos.

Se ha incrementado extraordinariamente el capital del conocimiento y de la innovación, la creación, la educación, el aprendizaje y el talento, pero desde una visión que suele reducirlo a las redes informáticas, cuando la realidad es que el contenido que circula en ellas es lo que les da sentido y valor.  Por eso es tan importante enfrentar la extraordinaria velocidad de las tecnologías y los algoritmos con la generación de movilización popular y creación de conciencia. Habrá que luchar por la democratización y la gobernanza intergubernamental de Internet, que nos coloca a las naciones del Sur como periféricas y dependientes de los Estados Unidos.

Según la apreciada CEPAL, la América Latina y el Caribe es la región más dependiente de los Estados Unidos en el tráfico de Internet.  El 80% de la información electrónica de la región pasa por algún nodo administrado directa o indirectamente, por los Estados Unidos, es el doble que en Asia y cuatro veces el porcentaje de Europa.  Se calcula que entre un 80% y un 70% de los datos que intercambian internamente los países latinoamericanos y caribeños van también a ciudades estadounidenses, donde se ubican 10 de los 13 servidores raíces que conforman la esencia de Internet.

Somos la región más atrasada en la producción de contenidos locales; sin embargo, somos líderes en la presencia de internautas en las redes sociales.  De los 100 sitios de Internet más populares en la región, solo 21 corresponden a contenido local, lo que significa que nuestra región, siempre expoliada, es ahora expoliada al transferir riqueza, en forma de contenidos y datos, a Estados Unidos, donde se alojan las grandes empresas de Internet.

De los 10 países con mayor tiempo utilizado en redes sociales, 5 de ellos fueron latinoamericanos, lo que demuestra nuestras oportunidades.  El 28% de los latinoamericanos viven en situación de exclusión social, según datos oficiales. Sin embargo, 9 de cada 10 latinoamericanos posee un teléfono móvil, el 57% de las personas que sufren dificultades para conseguir comida son activas en Facebook y Whats App; el 51% de los que no reciben cotidianamente agua potable en sus viviendas utilizan las redes sociales. Estos revelan una gran oportunidad para la comunicación, la organización y la movilización política digital con las masas de desfavorecidos.

Se nos impone un nuevo lenguaje y la tiranía de un pensamiento único y no queda otro camino que elaborar otras formas de pensar y desarrollar la acción política.  La teoría gramsciana de la hegemonía, que entiende los cambios como posibilidad y destaca su aspecto moral, debe servirnos hoy para enfrentar la hegemonía del imperialismo norteamericano.  Frente a conceptos como “sociedad de la información”, “sociedad en red” o “era del conocimiento” o “del acceso”, que parecen tan democráticos, habrá que construir nuestros propios conceptos y luchar denodadamente por la democratización de Internet y disponemos de las herramientas básicas para hacerlo exitosamente.

Compañeras y compañeros:

Ante tamaños desafíos habría que preguntarse, ¿qué hacemos?  ¿Cambiar, como una agradable consigna, en el sentido del cambio, al que poderosos intereses, el oportunismo o el derrotismo de algunos nos invitan?   ¿Cambiar sin averiguar hacia dónde? Nosotros los cubanos asumimos el vigente y poderoso llamado de Fidel, que es nuestro mejor intérprete de Martí, “a sembrar ideas, a sembrar conciencia”.

Y defendemos la idea de que cambiar hacia objetivos, métodos de movilización y concientización aún más revolucionarios en estas difíciles circunstancias es un imperativo que demanda determinación, seguridad en nuestras propias y enormes fuerzas, que no debieran ser subestimadas, y confianza en la voluntad definitiva de nuestros pueblos.

La cosmovisión martiana es y puede ser, en mayor medida aún, la base de un pensamiento unitario frente a tantas divisiones y sectarismos, que convoque a la amplia y activa movilización de todas las personas de buena voluntad.  El compañero Raúl tanto insistió en la urgencia de “la unidad en la diversidad”.

El concepto de “Nuestra América”, síntesis de nuestra cultura y sangre amalgamadas, realización de sueños de Bolívar, nos guía en la acción.

Vivimos momentos en que la importancia de las ideas es suprema, y las de Martí, relacionadas con el bien, la verdad, la ética y los principios éticos, la paz y la armonía entre los hombres, el respeto al otro, el altruismo y el sacrificio, la ausencia de vanidad, la honradez, el honor, el patriotismo, el culto a la dignidad plena del hombre que inspira nuestra Constitución y nuestro próximo Referendo, y su condición de Apóstol de la independencia, creador y humanista, genera una base de pensamiento que propicia nuestro encuentro y estrecha acción.

José Martí entendió, entonces, la necesidad de aunar en el Partido Revolucionario Cubano la voluntad de independencia y de abolición de la esclavitud de su época, que se extiende hasta esta, en el concepto de que en Cuba solo ha habido una Revolución y de que “ellos habrían sido como nosotros y nosotros habríamos sido como ellos”, como nos contó Fidel. La fuerza de las ideas será decisiva y la gran batalla, será la batalla de las ideas.

El valor de la justicia y la decisión de Martí de echar su suerte con los pobres inspiran a esta Revolución Cubana que sigue y seguirá siendo “de los humildes, con los humildes y para los humildes”, y cuyo antiimperialismo y lealtad a nuestros próceres será sustento y matriz de las generaciones que vienen.

Habrá que denunciar la falsa democracia que existe, cuando no existe con justicia y con cultura, y habrá que convocar a la movilización de todas las personas de buena voluntad, a los pueblos, a los movimientos populares, sociales e indígenas, a los trabajadores, a los campesinos, a los estudiantes, a las mujeres, a los jóvenes, a los que se unen contra toda forma de discriminación, a las minorías y los emigrantes los que enfrentan la represión de, a los intelectuales y artistas, a los académicos, a todos.  Tendremos, probablemente en los próximos días, un encuentro antiimperialista por la democracia y contra el neoliberalismo en Caracas. Y en los primeros días de noviembre, del 1ro al 3 de noviembre, en vísperas del 500 aniversario de La Habana, los convocamos, desde ya, a un encuentro antiimperialista de unidad y lucha en La Habana (Aplausos).

Tendremos que empeñarnos en la defensa de la Paz, y la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno en esta capital,  constituye un programa político avanzado y a la vez una plataforma unitaria y amplia que propiciaría la unidad de todos los latinoamericanos y caribeños.

Se decide hoy en Venezuela la dignidad y la soberanía de la América Latina, de los países del Sur y del planeta.

Releyendo el discurso de Fidel en la Conferencia Equilibrio del Mundo del 2003, encuentro similitudes alarmantes entre ese momento histórico y este.

Se perdía, entonces, la oportunidad, asociada al consenso que habían generado los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001, de avanzar a escala mundial mediante el diálogo y la cooperación en el enfrentamiento al terrorismo y en la solución de acuciantes problemas internacionales.  Había el Gobierno de los Estados Unidos emplazado amenazadoramente al mundo a estar con el imperialismo o con el terrorismo, y Fidel había respondido vibrante que Cuba estaría resueltamente “contra el terrorismo, contra la guerra y contra el imperialismo (Aplausos)”. Y fueron lanzadas las guerras imperialistas con pretextos antiterroristas o asociados al desarrollo de armas de exterminio en masa, con mentirosos enfoques humanitarios que causaron más de un millón de muertos.

Estuve presente en la reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en que se acusó a Iraq de poseer armas de exterminio en masa.  Me sorprenden y angustian los parecidos, hasta en las poses de algunos oradores, con la reciente reunión del Consejo de Seguridad en que se pretendió acusar a Venezuela y que concluyó en la denuncia del pretendido y falso acusador.

¡Toda nuestra solidaridad a la República Bolivariana de Venezuela y a la Revolución Bolivariana y Chavista! (Aplausos).

¡Toda nuestra solidaridad al Presidente Constitucional y Legítimo, Nicolás Maduro Moros y a la Unión Cívico-Militar de su pueblo! (Aplausos).

¡Toda nuestra lealtad al Comandante Presidente Hugo Chávez Frías! (Aplausos).

En los discursos recientes del Presidente Miguel Díaz-Canel encontrarán idéntica fidelidad a nuestros principios y toda la disposición de estar junto a Venezuela como hijos que demandan servirla, tal como resultó evidente en su presencia significativa en la reciente Toma de Posesión del 10 de enero.

¡Lula libre!  (Aplausos y exclamaciones de: “¡Lula libre!”)  ¡Lula libre! Prisionero político, víctima de espurios intereses y de la campaña imperialista impidió su elección presidencial.  Seguirá liderándonos y la lealtad a su ejemplo y a su pensamiento seguirá siendo movilización diaria de lucha.

Nuestra solidaridad con la Nicaragua sandinista, con el presidente Daniel Ortega, con el Frente Sandinista de Liberación Nacional que, inspirado en los ideales de Sandino y de Fonseca, continuará adelante (Aplausos).

Todo nuestro apoyo a la Revolución Cultural y Democrática que encabeza el Líder aymara, símbolo de la dignidad y presencia de las culturas originarias, compañero Presidente Evo Morales Ayma (Aplausos).

Nuestro pueblo enfrentará con determinación las nuevas medidas de bloqueo que se ciernen contra Cuba. Nos preparamos para enfrentar el curso de confrontación que, al parecer, pretende imponer el gobierno del presidente Donald Trump.

Nos preparamos para enfrentar la aplicación de engendros jurídicos contra nuestro pueblo y nuestra economía y contra la soberanía y la independencia de todos en el planeta, como sería la puesta en aplicación del Título III de la llamada Ley Helms-Burton.

Hay en nuestro pueblo todas las reservas de conciencia para enfrentar circunstancias difíciles, si se presentaren, sin ceder un milímetro en nuestros principios, ni admitir sombra a nuestra soberanía e independencia (Aplausos).

Han llamado ustedes en estos días a la movilización y a la acción, a la acción política, a la lucha comunicacional, a la búsqueda de los soportes tecnológicos, al combate en el plano simbólico; a la generación de ideas, de conocimiento y de contenidos; a la defensa de la memoria y de la identidad; a la acción revolucionaria y popular, tanto real como virtual, en la calle y en las redes; a la militancia política, a la articulación de la izquierda, los movimientos populares sociales indígenas y las fuerzas políticas, a la creación de un paradigma conceptual que nos refleje a todos y por el que todos estemos dispuestos a luchar a brazo partido.

Los jóvenes, que se parecen a sus padres y se parecen a su tiempo, serán tan patriotas como aquellos.

Para esta descomunal tarea tenemos a Martí, escribió él: “…Ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española, la hora de declarar su segunda independencia” (Aplausos).

Tenemos a Martí y tenemos a Fidel.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Ovación.)

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