LOS MEDIOS Y SU OBSESIÓN POR EL FOLLETÍN CRIMINOLÓGICO por Rafael Silva

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El morbo es uno de los motores de la audiencia y ninguna cadena está dispuesta a perder un buen crimen con agresión sexual para ganar unos puntos de share

(Javier Pérez de Albéniz)

Estamos asistiendo a una nueva vuelta de tuerca en lo que pudiéramos designar como “folletín criminológico”, una categoría perteneciente a la más general de la telebasura, y en la cual los medios de todas las cadenas, públicas y privadas, compiten entre sí a ver quién es capaz de ofrecer la “información” más completa, que en estos casos se traduce en captar audiencias en base al morbo, y al espectáculo que supone contar en televisión todos los detalles de los casos más escabrosos y aberrantes de nuestra crónica negra. Es evidente que un programa informativo ha de contarnos la crónica de sucesos, pero si este apartado se desvirtúa y no sólo se coloca en primera página informativa, sino que además se le dedica un tiempo desmesurado a contar sus detalles, mientras se resta tiempo a la exposición de otras noticias y reportajes ciertamente interesantes de cara a la opinión pública, el asunto ya pasa a la esfera de lo preocupante. Y no contentos con la amplia dedicación que realizan los programas informativos, las emisoras de radio y televisión dedican amplios programas especiales donde preparan platós, desplazan a invitados, colocan sus unidades móviles y periodistas en los lugares “de la noticia”, y nos cuentan hasta los más escabrosos detalles del caso. Y a todo esto lo llaman “información”. Más bien debiéramos llamarla alienación, pues mientras la población está entretenida con estos detalles, se va olvidando de otros asuntos importantes.

Suelen ser programas monográficos, donde invitan a expertos en estas materias del dolor y del sufrimiento, conectan el caso en cuestión con otros, participan familiares de las víctimas, que van conociendo en tiempo real los avances conseguidos en la investigación, y las detenciones que se van practicando sobre la marcha. Todo un espectáculo televisivo donde se exhiben sin pudor la rabia, el dolor, la miseria, la indignación, la pena, el llanto…Todas las sensaciones y sentimientos humanos que debieran quedar en la intimidad, son expuestos al gran público de las audiencias televisivas, eso sí, con grandes espacios publicitarios en medio, que lo cortés no quita lo valiente. A los artífices de estos programas los llaman “periodistas de investigación”, cuando en realidad son profesionales de la carroña que viven de enseñar la intimidad de las vidas ajenas, y de exponer sin contemplaciones hasta el último detalle que pueda rellenar espacios de la parrilla televisiva, o bien tiempo de telediario. Sin ir más lejos, días atrás se le reservaba algo más de dos minutos al resumen del debate político que había tenido lugar en el Congreso de los Diputados, mientras se le reservaban más de 15 minutos a los avances en la investigación del caso del niño Gabriel Cruz. Y es que al igual que la desorbitada información deportiva (en realidad información futbolística), este tipo de noticias despierta los más bajos instintos, y mantiene a la audiencia pendiente del televisor atrapada en los detalles, alienada en la perversidad del caso, ajena a otros asuntos importantes de los que deberíamos tener más amplia información.

Este tipo de telebasura espectáculo-folletinesca está sustituyendo a otro tipo de programas que sí determinan la calidad de un cadena de televisión, tales como reportajes, cine, debates, series, entretenimiento, etc. Hoy día la mayoría de los programas se circunscriben a lo que se ha dado en llamar el “Talent Show”, una nueva especialidad de los reallity donde los concursantes han de exhibir sus peripecias o capacidades artísticas, o bien a concursos-espectáculo monográficos, como los dedicados a la cocina, o a los nuevos jóvenes talentos de la canción. Crónica de folletín morboso y espectáculo. No hay más en nuestro pobre espectro televisivo. Y mientras los propios medios se jactan después de las audiencias alcanzadas, en porcentaje o cuota de “share”, los telespectadores se embrutecen a marchas forzadas, y los directivos de las grandes empresas de mass media que están detrás de todo el entramado de las cadenas televisivas, emisoras de radio y periódicos continúan enriqueciéndose con dichas audiencias. El tema de fondo a que alude esta telebasura es bien sencillo: poner el foco de atención en asuntos mundanos, traer a primer plano las miserias humanas, las íntimas cotidianidades, para hacer olvidar las causas justas, importantes y revolucionarias. ¿Es que acaso el niño Gabriel ha sido el único asesinado en nuestro país en los últimos tiempos? El periodista Jesús Moreno nos ofrece en este artículo el siguiente dato: durante 2017 fueron asesinados nueve niños a manos de sus padres o de las parejas de éstos. Entre ellos, dos bebés recién nacidos, según datos del Consejo General del Poder Judicial.

Y la pregunta es: ¿tuvieron tanto eco mediático estos casos? Parece por tanto que no sólo es una tónica habitual de los medios de comunicación, sino que además los oscuros procesos de programación ponen el exagerado foco en ciertas noticias no por su intrínseca gravedad, sino porque obedecen a un proceso de manipulación de las audiencias. Simplemente, interesa. Interesa a los políticos, a los grandes directivos, a esos poderosos empresarios que están detrás de las cadenas que nos cuentan esos detallosos reportajes, o que son responsables de la vuelta a la parrilla televisiva de cierto tipo de programas. La manipulación periodística y televisiva hoy día es ciertamente brutal. Obedece a profundos objetivos políticos y sociológicos. Se manipulan las noticias, se manipulan los datos, se manipulan los sondeos y las encuestas, se manipulan los tiempos televisivos, y sobre todo, como hemos dicho, se transforma la vocación informativa, cultural y de entretenimiento que debe ofrecer todo medio de comunicación en pro de una labor de alienación y de manipulación de las audiencias. La razón por tanto para esta obsesión por el folletín criminológico por parte de los medios es bien sencilla: ocultar la información interesante, desviar el foco de atención, desvirtuar la función social de los medios, embrutecer a la población en base a exponer sin la más mínima ética profesional todos los detalles de la vida íntima de las personas. Hemos de recuperar la función divulgativa de los medios, pero dentro de unos límites que nos permitan no caer en el morbo, en la invasión de la intimidad, en los escabrosos detalles, en la llamada a las tripas, en vez de al cerebro y al corazón. La actividad de los medios de comunicación es fiel reflejo de la sociedad alienante en la que vivimos. Pero quién fue primero: ¿la gallina o el huevo?

Blog del autor:(http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: Rebelion

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