PEDRO FIGUEREDO: HOMBRE DE CULTURA por Mario Cobas Sanz

Pedro Figueredo (Perucho) nace el 18 de febrero de 1818 en San Salvador del Bayamo. Realiza sus primeros estudios en el convento Santo Domingo de la otrora villa. En 1834 es enviado al colegio de Carraguao en La Habana donde se gradúa de Bachiller en Filosofía. En 1838 viaja a Barcelona, España para cursar la carrera de Derecho, también se instruye en piano y realiza composiciones musicales, lo que enriquece notablemente su formación cultural.

De regreso a su terruño, en el año 1843, encontró espacio en la Sociedad Filarmónica y se insertó de manera activa en la vida ideo-cultural de la ciudad, a través de la poesía, el teatro y la música. El foco de interés de Perucho también abarcó la compleja problemática cubana determinada por la oprobiosa dominación colonial. En este ambiente cultural, artístico y profesional se respiraba el anhelo libertario de alcanzar la prosperidad de Cuba por la vía de la independencia.

En julio del año 1849 durante las fiestas de Santa Cristina y Santiago se inauguró, parcialmente, el Teatro Bayamo. Para la puesta en marcha del coliseo Pedro Figueredo escribió un drama en verso titulado El barbero de París,1 llevada a escena el 11 de octubre de 1849 en beneficio del señor Bruno Martínez. Refiriéndose a las cualidades de la obra el corresponsal del periódico El Redactor escribió: “Es de grandes méritos y ha merecido la aprobación de cuantas personas entendidas la han examinado”.2 En el beneficio de la señora Ignacia González se dio también por concluida una pequeña pieza de Figueredo titulada Los apuros de un oficial de escribanía.3

En 1849, al presentar deterioro constructivo el local de la Sociedad Filarmónica Isabel II. Su sucesora, la Sociedad Filarmónica Cubana,4 se inauguró el 24 de febrero de 1851. Perucho fue nombrado para director de esta institución . A partir de entonces Bayamo comenzó a experimentar un florecimiento cultural que se gestó en torno a la Sociedad Filarmónica; esta fundación se convirtió en el alma de la cultura bayamesa y en un importante centro de promoción de la ciencia, el arte y los valores ciudadanos, determinantes en la consolidación de una conciencia patriótica.

Desde 1852 Pedro Figueredo Cisneros era vigilado por sospechoso de infidelidad al gobierno colonial. En 1854 es obligado a residir en La Habana, donde edita el periódico El Correo de la Tarde. En la revista siboneyista La Piragua publica Excursión a la gran sabana de Yara y la contradanza cubana La Piragua, compuesta y dedicada a una amiga. Sobre esta contradanza hemos encontrado en la propia publicación y en su sección fija Crónica5 la siguiente nota:

Danza Cubana.- Nuestro amigo D. Pedro Figueredo nos ha facilitado, la que publicaremos arreglada para piano. Merece perfectamente el título que lleva, se deslizan sus sonidos fáciles y graciosos como la Piragua en las ondas, en la primera parte corre como esta embarcación impelida por los céfiros y en la segunda, se detiene como girando sobre las aguas.

También en la Gaceta de la Habana de 1851, encontramos menciones interesantes sobre esta contradanza. La primera de ellas, publicada el 11 de julio de 1856 en la sección fija Gacetín nos dice:

Sabemos positivamente que la orquesta que hará oir sus melodiosos sones en la noche del cinco con fresca y poética glorieta de las Puentes es la de la Unión que tan buen nombre ha conquistado en los diferentes puntos en que se ha dejado oir. Entre el repertorio de danzas irresistibles que entusiasmará a la escogida juventud, se encuentra la Piragua danza simpática de D. Pedro Figueredo que últimamente ha dado a luz el popular periódico de aquel nombre que con tanta aceptación ha sido recibida del público ilustrado de la Habana.

Posteriormente, el 18 de julio, y en la propia sección leemos lo siguiente:

Baile de las Puentes.- El que se celebró en la glorieta de este pueblo estuvo magnífico. Una concurrencia como pocas veces se ha visto acudió a la fiesta campestre […]. Entre las danzas que se tocaron gustó sobre manera La Piragua, tanto que se repitió tres veces […]

Pedro Figueredo regresa a Bayamo en el año 1858 y edita el rotativo La Filarmonía. En 1861 es condenado a catorce meses de arresto domiciliario, ocasión que aprovecha para estudiar táctica militar y escribir artículos sobre costumbres cubanas. Su casa se convierte en centro conspirativo y fue el lugar donde se constituyó el Comité Revolucionario de Bayamo, centro gestor de la revolución de 1868.

El 14 de agosto de 1867 compone La Bayamesa,6 melodía patriótica que se convierte en el símbolo más alto y genuino de la cultura nacional, en la que se entrecruzan el sentimiento de amor a la patria y la decisión de combate. La versión original, cuya letra fue dada a conocer el 20 de octubre de 1868, dice así:

Al combate corred, bayameses,

que la Patria os contempla orgullosa.

No temáis una muerte gloriosa,

que morir por la Patria es vivir.

En cadenas vivir, es vivir

en afrenta y oprobio sumido.

Del clarín escuchad el sonido,

y a las armas , valientes, corred.

No temáis los feroces iberos:

son cobardes,  cual todo tirano.

No resisten al bravo Cubano;

para siempre su imperio cayó.

¡Cuba libre! Ya España murió;

su poder y su orgullo, ¿do es ido?

¡Del clarín escuchad el sonido!

¡A las armas, valientes, corred!

Contemplad nuestras huestes triunfantes;

contempladlos a ellos caídos.

Por cobardes huyeron vencidos,

por valientes sabemos triunfar.

¡Cuba libre!, podemos gritar

del cañón al terrible estampido.

¡Del clarín escuchad el sonido!

¡A las armas, valientes, corred!7

Esta importante composición musical cubana, trascendente por su valor patrio, se convertiría en el Himno Nacional de Cuba:

Al combate corred, bayameses,

que la patria os contempla, orgullosa;

no temáis una muerte gloriosa,

que morir por la patria es vivir!

En cadenas vivir es vivir

en afrenta y oprobio sumido;

del clarín escuchad el sonido,

a las armas , valientes, corred!8

Debemos evadir las manquedades de quienes reducen a Perucho a la hazaña de haber escrito La Bayamesa presentándolo solo como una figura deslumbrante de un pasado glorioso.

1  El Redactor, Santiago de Cuba, 16 de octubre de 1849.

2  Ídem.

3  Ídem.

4 Esta sociedad era sustentada por suscripción de sus socios, se dividió en las secciones: Literatura, Declamación, Canto, Música y Baile; además contaba con un gabinete de lectura y una biblioteca con obras donadas por los socios, área para juego de ajedrez, dominó, tresillo y lotería.

5 La Piragua, La Habana, 1856, v. I, p.15.

6 Modesto Arquímedes Tirado Avilés, comandante del ejército libertador y primer historiador en          propiedad de la ciudad de Manzanillo, quien tuvo la oportunidad de conocer a Ángel Figueredo Vázquez, hijo de Pedro Figueredo Cisneros, cita en el tomo I de sus Efemérides de Manzanillo con respecto al ilustre bayamés: “Mi padre compuso el himno algunos meses antes de estallar la guerra del 1868, y lo ejecutó por primera vez al piano en el mes de marzo de ese año”. El mismo Ángel Figueredo, proporcionó a Tirado un recorte del periódico veracruzano, Diario Comercial, de fecha 5 de noviembre de 1897, donde Carlos Manuel de Céspedes y Céspedes, primogénito del padre de la patria y esposo de Eulalia, una de las hijas de Isabel y Perucho, rememora cómo se improvisó el himno: “Recuerdo que un día del mes de marzo de 1868, estábamos sentados en la sala de la casa de vivienda del ingenio Las Mangas, […], su dueño Pedro Figueredo, su esposa Isabel Vázquez, su hija Eulalia y yo, que había ido allí como comisionado de los conspiradores, hablamos de la situación imperante cuando de repente se levantó Perucho, como cariñosamente llamábamos al autor del himno, y sentándose al piano, que tocaba magistralmente, improvisó una marcha guerrera, que mereció nuestra aprobación. Ya teníamos la música y solo faltaban las palabras, que Isabel, su esposa, adaptó a los incipientes compases de Figueredo, que no era poeta, mientras que su esposa y mi inolvidable suegra, Isabelita, componía muy bonitos versos patrióticos, de los cuales aún recuerdan algunos, sus hijos. […]”Tirado Avilés, Modesto Arquímedes. Efemérides de Manzanillo. Ciudad Masó Archivo Histórico de Manzanillo, inédita t.I, pp.134-136.

7 Enrique Gay-Calbó. Los símbolos de la nación cubana, p.139.

8 Onoria Céspedes Argote, ob. cit., p. 16.

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