LA GUERRA CIVIL COMO MODA LITERARIA (EXTRACTO) por David Becerra

“Un paseo por las librerías o un simple vistazo a las listas de los libros más vendidos en España bastaría para comprobar que en las dos últimas décadas se ha producido en el ámbito de la narrativa española una proliferación considerable de novelas que versan sobre la Guerra Civil. Pero dejando de lado las impresiones, siempre intangibles e imprecisas, y respaldando nuestro estudio en la vehemencia de los datos, comprobamos que entre 1989 y 2011 se ha superado de buen grado el centenar de títulos de temática guerracivilista publicados en España. Más concretamente, y a partir de los datos que integran nuestro corpus, se ha publicado un total de 181 novelas sobre la Guerra Civil española durante el periodo acotado […].

La novela sobre la Guerra Civil española publicada en la actualidad constituye un fenómeno de lo más heterogéneo. Es de rigor atender a su diversidad formal y temática, destacar sus diferencias y acaso celebrar su pluralidad, pero también será necesario no desatender el fondo común que comparten las novelas. Porque tal vez en su fondo común daremos con la respuesta que nos tenemos que formular a continuación: ¿a qué se debe esta proliferación de títulos sobre la Guerra Civil española en la última década del siglo XX y en la primera del siglo XXI? Esta pregunta no es baladí, ya que la eclosión de títulos es ciertamente sorprendente. Acostumbrados, como estábamos, a escuchar el cacareado estribillo de la Transición, marcado por el pacto el silencio que instaba a los ciudadanos de este país a olvidar el pasado por temor a que la memoria pudiera despertar los fantasmas guerracivilistas y reabrir las viejas heridas todavía por cicatrizar, no nos puede sino llamar poderosamente la atención que de pronto irrumpan en la esfera pública una serie de discursos literarios que, al menos aparentemente, cuestionan el pacto de la Transición y optan por la narración del pasado, por convertir la memoria en materia narrativa y por reivindicar la voz de los vencidos frente a las políticas de silencio y olvido que se instauraron con los pactos de 1978. ¿Por qué, desde el ámbito narrativo, de pronto emerge una suerte de moda literaria sobre la Guerra Civil española?

Es una opinión muy extendida, tanto en la prensa cultural como en la crítica especializada, explicar este fenómeno como, en efecto, un cuestionamiento de los postulados políticos de la Transición, como un enfrentamiento al silencio y al olvido impuesto a las víctimas del conflicto bélicos nacional. En este sentido, estas novelas se suelen definir como novelas de la memoria histórica, llegando, incluso, a establecer una relación directa entre este fenómeno literario y la reivindicación de la reparación moral de las víctimas del franquismo que, desde principios del presente siglo, está realizando la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) […].

Nuestra hipótesis, sin desmerecer los enfoques anteriores, propone una perspectiva distinta y señala una dirección clara: en la matriz ideológica del capitalismo avanzado o posmoderno hallaremos la respuesta a la pregunta formulada. En primer lugar, entendemos que la vuelta al pasado que se produce en la novela española actual pone de manifiesto que nuestros novelistas han asumido que vivimos en un tiempo perfecto y cerrado, sin conflicto, interiorizando la ideología del «Fin de la Historia», y ante este presente en el que no sucede nada se hace necesario acudir a un pasado conflictivo como el de la Guerra Civil para poder escribir una novela. Pero, por otro lado, será preciso analizar el modo en que se reconstruye el pasado en estas novelas. Porque si bien el grueso de ellas comparte, como se verá, una más que loable intención de reivindicar la memoria histórica, y acaso sus autores buscan, en algunos casos, posicionarse al lado de los que salieron derrotados de la contienda, denunciando el olvido y el silencio que se impuso sobre ellos, también es cierto que, mediante su lectura, acudimos a una reconstrucción despolitizada y deshistorizada de la Historia, invitando al lector a mantener una relación complaciente con su pasado. Estas novelas, como el espejo posmoderno de Jameson, hechizan al lector por medio de sugerentes aventuras de pasión y muerte, de vidas heroicas, de ideales y de un futuro todavía por escribir. El espejo emite un destello de luz, siempre cegador, que impide al lector reconocerse en su pasado, experimentar la Historia de forma activa, al concebir el pasado como algo que le es ajeno. Pero a su vez estas novelas legitiman la concepción de que nuestro presente, por oposición al mundo al que la narración nos retrotrae, es un presente en el que no existen conflictos y en el que, en definitiva, la Historia ha alcanzado su fin. Esta concepción sobre el pasado y el presente que esta literatura alimenta tiene unas consecuencias políticas evidentes, pues no contribuyen sino a la desactivación política del lector que, a la vez que deja de reconocerse en la Historia, asume que habita en el mejor de los mundos posibles.

Por otro lado, hay que apuntar también que las novelas que sobre la Guerra Civil se escriben y publican en la actualidad participan del denominado –siguiendo el término propuesto por Elizabeth Jalin– conflicto de memorias, reflejando y reproduciendo, de forma muy nítida, las dos posiciones ideológicas que, en estos momentos, están en juego en el ámbito político nacional. En primer lugar reconocemos, analizando nuestro corpus, una serie de novelas de corte revisionista que pretenden reinstaurar los mitos de la cruzada de Franco, situando la República –en paz y en guerra– en el foco de todo conflicto. Esta revisión del pasado, que tuvo su auge durante la segunda legislatura del Partido Popular (2000-2004), y que fue incluso promocionada, a tenor de lo escrito por Francisco Espinosa Maestre en El fenómeno revisionista o los fantasmas de la derecha española, por el partido del gobierno para contrarrestar las reivindicaciones y demandas impulsadas, desde el año 2000, por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), restituyó algunas falsedades históricas construidas durante el franquismo para legitimar el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. La campaña revisionista fue tan potente que incluso su discurso se introdujo en novelas de gran tirada y firmadas por autores de prestigio intelectual, como se verá.

La otra parte del conflicto está representada por novelas que, pretendidamente progresistas y ancladas en la «falsa izquierda», que diría José Antonio Fortes, reproducen la lógica ahistoricista y despolitizada que, en el ámbito político, se puso en marcha con la popularmente conocida como Ley de la Memoria Histórica de 2007 durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero. La Ley 52/2007, a todas luces insuficiente, no pretendía establecer una ruptura con el pasado, que pusiera fin a los privilegios de los que gozan, todavía hoy, los vencedores de la Guerra Civil, sino que perseguía, más bien, el reforzamiento del modelo de convivencia constitucional de la Transición. Un hecho que de forma muy simbólica expresa lo que recogía esta ley se detecta en la conversión del Valle de los Caídos en lugar de culto religioso que «incluirá entre sus objetivos honrar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939 y de la represión política que la siguió con objeto de profundizar el conocimiento de ese período histórico y en la exaltación de la paz y de los valores democráticos». El adjetivo todas que acompaña a las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil legitima el relato equidistante que sitúa en el mismo nivel de responsabilidad a víctimas y verdugos, a quienes estaban al lado de la legalidad democrática y quienes se opusieron a ella por medio de un golpe de Estado. Con esta medida, se ponía en marcha una reconstrucción despolitizada del pasado, al convertir el mayor símbolo de la represión del fascismo español en un monumento de paz y democracia. Se trataba de vaciar de significado los significantes del pasado –independientemente de su color político–, borrando las huellas de la represión y de la significación histórica de los vencidos, para poder ser asumidos, institucionalizados y normalizados por la democracia. La despolitización del pasado supone una reescritura de la Historia desde un presente que, lejos de enfrentarse con los vencedores de ayer y de establecer una ruptura con el pasado, permite que los vencedores no cesen de vencer. Esta despolitización del pasado se detecta, de igual modo, y como se verá, en muchas de las novelas que sobre la Guerra Civil se escriben y publican en la actualidad.

Por lo tanto, y como trataremos de mostrar y aun de demostrar en las siguientes páginas, la reconstrucción del pasado que se lleva a cabo en estas novelas contribuye a reforzar una concepción homogénea y lineal de la Historia. La ideología posmoderna que late en estos discursos literarios legitima la concepción de la Historia como continuidad, que solamente sirve para favorecer la perpetuación de la clase dominante en el poder. Estas novelas no cuestionan el presente, no pretenden disparar contra los relojes, como diría Benjamin, y establecer una ruptura del continuum histórico; la relación con el pasado –y, en consecuencia, con el presente– se basa en una complicidad que, en absoluto, pretende congregar a los muertos en nuestro tiempo vacío, porque no forma parte de su proyecto ideológico dinamitar o hacer pedazos el presente.”

 

Fuente: http://www.lamarea.com/2015/02/23/la-guerra-civil-como-moda-literaria/

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