¿POR QUÉ SE HABLA DE GUERRA CULTURAL? por Elier Ramírez Cañedo

Este es el mismo Brzezinski que en 1979, en un memorándum enviado a Carter, recomendaba el siguiente curso de política a seguir hacia Cuba: «El Director de la Agencia Internacional de Comunicaciones, en coordinación con el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, deben incrementar la influencia de la cultura estadounidense sobre el pueblo cubano mediante la promoción de viajes culturales y permitiendo la realización de coordinaciones para la distribución de filmes estadounidenses en la Isla».

No hace mucho se dio a conocer un documento de extraordinaria importancia para comprender las estrategias actuales del imperialismo estadounidense en el campo de la guerra cultural. Se trata del Libro Blanco del comando de operaciones especiales del Ejército de Estados Unidos de marzo del 2015 bajo el título: Apoyo de las Fuerzas de Operaciones Especiales a la Guerra Política.

Lo que plantea en esencia este Libro Blanco es que Estados Unidos deben retomar la idea de George F. Kennan –antiguo experto estadounidense en el tema soviético y arquitecto de la política de «contención frente al comunismo» en el Departamento de Estado–, acerca de la necesidad de superar la limitante del concepto que establece una diferencia básica entre guerra y paz, en un escenario internacional donde existe un «perpetuo ritmo de lucha dentro y fuera de la guerra». Es decir, que la guerra es permanente, aunque adopta múltiples facetas y no puede limitarse al uso de los recursos militares. De hecho, el documento expresa que se puede hacer la guerra sin haberla declarado, e incluso hacer la guerra al tiempo que se declara la paz.

«La guerra política es una estrategia apropiada para lograr los objetivos nacionales estadounidenses mediante la reducción de la visibilidad en el ambiente geopolítico internacional y sin comprometer una gran cantidad de fuerzas militares», destaca el documento desde sus primeras páginas. «El objetivo final de la Guerra Política –continúa más adelante– es ganar la “Guerra de Ideas, que no está asociada con las hostilidades”.

La Guerra Política requiere de la cooperación de los servicios armados, diplomacia agresiva, guerra económica y las agencias subversivas en el terreno, en la promoción de tales políticas, medidas o acciones necesarias para irrumpir o fabricar moral».

Este Libro Blanco es solo uno entre muchos estudios y recomendaciones de doctrinas y estrategias militares elaboradas en Washington, que cada día asignan un rol más protagónico a los componentes culturales e ideológicos en sus estrategias hegemónicas.

LA GUERRA CULTURAL CONTRA CUBA

La guerra cultural contra Cuba no comenzó el 17 de diciembre del 2014, pues desde el propio triunfo revolucionario Cuba ha enfrentado tanto los impactos de la oleada colonizadora de la industria hegemónica global, como proyectos específicos de guerra cultural diseñados, financiados e implementados por el imperialismo estadounidense, sus agencias y aliados internacionales, con el objetivo de subvertir el socialismo cubano.

Al respecto señaló Ricardo Alarcón: «La agresión cultural contra Cuba (…) No solo existe todavía sino que no cesa de aumentar. Conserva una dimensión encubierta, clandestina, dirigida por la CIA, pero, además, desde comienzos de la última década del pasado siglo tiene otra dimensión pública, descaradamente abierta. El caso cubano es, por estas razones, absolutamente único, excepcional.

«Lo es también porque lo que se nos hace en el terreno cultural ha sido siempre parte integrante de un esquema agresivo más amplio, que ha incluido una cruel y permanente guerra económica, y la agresión militar, el terrorismo y otros actos criminales, cuyo propósito, (…) detallado en una infame ley yanqui, es poner fin a nuestra independencia».

Un componente fundamental de la guerra cultural de los distintos gobiernos de Estados Unidos contra la Revolución Cubana, ha sido la guerra sicológica y mediática.

El libro Psywar on Cuba. The Declassified History of US Anti Castro Propaganda, de Jon Eliston, publicado en 1999, revela como Washington practicó contra Cuba durante décadas la agresión sicológica y propagandística y que ella incluía libros, periódicos, historietas, películas, panfletos y programas de radio y televisión.

Otro de los campos predilectos de la guerra cultural ha sido el de la historia. Se manipula y tergiversa nuestro pasado, se atacan sus bases más sensibles y simbólicas, precisamente porque se pretende barrer con el ejemplo de la Revolución Cubana desde su propia raíz.

¿Qué son Radio y TV Martí, sino estructuras creadas para la guerra cultural en su sentido más amplio contra el proyecto revolucionario cubano?

Existe una gran diferencia entre la diplomacia pública que desarrollan muchos países en la arena internacional y las acciones que históricamente han practicado los distintos gobiernos estadounidenses. Detrás de este vocablo «inofensivo», se ha escondido toda una maquinaria de difusión de valores políticos y culturales de Estados Unidos, que para nada toma en consideración el respeto a la soberanía de las naciones y la diversidad cultural de los pueblos. No se trata solo de influencia, sino de injerencia encubierta y abierta  en los asuntos internos de otros estados.

A la hora de evaluar los retos que enfrentamos, en ocasiones se adoptan posiciones triunfalistas, desde una visión reduccionista de la cultura, entendida estrictamente como arte y literatura. Claro que entre Cuba y Estados Unidos han existido influencias y confluencias culturales durante más de dos siglos, gracias a las cuales ambos pueblos nos hemos enriquecido espiritualmente, pero los desafíos fundamentales se dan en el terreno de los estilos de vida, la cultura política y los hábitos sociales.

Ante esa realidad, no hay mejor antídoto que el patriotismo, la cubanía –no cubanidad castrada–, el antimperialismo, el anticolonialismo y que, junto al fomento de referentes culturales sólidos, logremos un sujeto crítico de profunda formación humanista, capaz de discernir por sí mismo entre la avalancha de productos culturales con los que interactúa, dónde está lo realmente valioso. Ese sujeto crítico solo es posible forjarlo desde las edades más tempranas a través del entrenamiento en el debate y la confrontación de ideas, con la participación activa de la familia, la comunidad, la escuela, los medios de comunicación y las organizaciones políticas y de masas. Por supuesto, todas las acciones que desarrollamos en el campo cultural deben acompañarse de hechos y realizaciones concretas, de hacer las cosas bien en todas las esferas, y que los resultados de ese trabajo se manifiesten en la vida cotidiana de nuestro pueblo.

Fuente: Publicado el 18 de abril de 2017 en Periódico Granma

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Como señala Elier Ramírez en el artículo, ese “es solo un libro” que intenta resumir. Yo diría que intenta adaptarse a las nuevas circunstancias; pero el Golpe Suave de Sharp también posee varios libros, como “De la dictadura a la democracia” que es también un resumen de varios foyetos, su esencia son los “métodos de acción directa” (198 métodos de acción directa); si se mira para la guerra de 4ta Generación, es una de las primeras clasificaciones que se hicieron en el pentágono de las guerras, pertenece a la doctrina militar yanqui y la Guerra No Convencional es una Circular de Entrenamiento de las Fuerzas de Operaciones Especiales (Documento TC1801), el primero con esas características del famoso Libro Blanco, del 2010. Es decir, hay dos documentos puramente militares y los otros son de carácter político. No confundir. No son más que actualizaciones. Recuérdese que la burguesía hasta ahora ha demostrado ser las clase más dúctil y dinámica. Recuérdese que la guerra no es más que la continuación de la política por medios violentos. La subversión es un medio muy viejo, desde Roma se utiliza. En reciente conversación de la oposición venezolana con el Pentágono consensuaron la toma del poder en 12 etapas, ¿es un nuevo libro, una nueva guerra, un nuevo método, un nuevo procedimiento, distinto al documento TC1801 que solo tiene siete etapas? No, es solo una adaptación al escenario. La cultura en su más amplia acepción, en tanto práctica y resultado de toda la actividad humana, abarca también todo lo militar. Habría que resuimir también las distintas políticas como aquellas de “tender puentes” y “convergencia” de los revisionistas, que se hicieron famosas en los 70 del pasado siglo y también tenían la subversión como esencia, la guerra de los símbolos, la sicológica y cuanto nombre aparezca.
    Luego lo importante no es el nombre, sino entender la capacidad de adaptación y dinamismo de esta alimaña maldita llamada imperialismo.

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