¿GUERRA SICOLÓGICA O DESTRUCCIÓN DE LA CONCIENCIA SOCIAL? Por Fabián Escalante

“Cada día, en la mañana, leemos en los periódicos o conocemos por otros medios, noticias, debates o artículos de opinión, relativos a conflictos políticos, sociales, laborales o de otra naturaleza, con tonos críticos, que en aparente neutralidad enjuician tal o cual situación o la actuación de determinada personalidad política o de cualquier esfera social, con las secretas intenciones de formar o crear un estado de opinión determinado. Día tras día, así se van acumulando informaciones en nuestras psiquis, muchas de ellas tendenciosas y destinadas a conformar opiniones, que más tarde devienen en juicios, estados de ánimos, opiniones adversas, contradicciones, que tienen la finalidad de actuar sobre un escenario determinado, modificarlo o incluso cambiarlo. Es precisamente eso, lo que los especialistas han denominado “guerra sicológica”, cuyo fines políticos e ideológicos, resultan evidentes.(…)”.

En otras palabras, la “guerra sicológica” es el arte de la manipulación de la conciencia a través de los medios masivos de información.

El concepto de “guerra sicológica” se comenzó a formar en Estados Unidos a finales de la década del 40, en el pasado siglo, con el inició de lo que se denominó la “guerra fría”. Es precisamente en esa época, en la que se formuló su concepto, que van a figurar por primera vez en 1951 en el diccionario del Ejército norteamericano bajo la siguiente definición:

“La guerra sicológica, son las acciones emprendidas por parte de una o varias naciones en la propaganda y otros medios de información contra grupos enemigos, neutrales o amigos de la población, para influir en sus concepciones, sentimientos, opiniones y conductas, de manera que apoyen la política y los objetivos de la nación o grupo de naciones a la cual sirve esta guerra sicológica”.

En otras palabras, el fin es socavar y desestabilizar al país, organización o persona objeto del proyecto.

Probablemente por ello, uno de los adalides de la “guerra fría”, representante legal de la conocida “United Fruit Company”, John Foster Dulles, secretario de Estado en los cincuenta, expresara:

“Hemos gastado millones de dólares preparándonos para la guerra de las armas, pero hemos gastado poco para la guerra de las ideas y ahora sufrimos fracasos que no se pueden compensar con nuestro poderío militar”. En la misma época, el director de la Agencia de Información de Estados Unidos, USIA enriquecía el concepto con la siguiente idea:

 “La simple introducción de la duda, en el cerebro de las personas, ya significan un gran éxito”

Más recientemente, en la década de los ochenta, durante la feroz y despiadada guerra desatada por Estados Unidos contra Nicaragua, la Agencia Central de Inteligencia de ese país, invento para las fuerzas contrarrevolucionarias un “manual de operaciones para la guerra sicológica”, que entre otras muchos conceptos, incluidos el asesinato político, expuso:

“La guerra de guerrilla es esencialmente una guerra política. Por eso sus áreas de operaciones exceden los límites territoriales de las guerras convencionales, para adentrarse en la conciencia del hombre (Š.) el ser humano debe ser considerado como el objetivo prioritario de la guerra política, y concebido como el blanco militar de la guerra de guerrillas, el ser humano tiene su punto más crítico en la mente. Una vez alcanzada su mente, ha sido vencido el animal político, sin recibir necesariamente balas.

La guerra de guerrillas nace y crece en un ambiente político; en el combate constante por dominar esa área de mentalidad política que es inherente a todo ser humano, y que colectivamente constituye el “ambiente” en que se mueve la guerra de guerrillas, y que es donde precisamente, se define su triunfo o fracaso. Esta concepción de guerra de guerrillas como guerra política, convierte a las operaciones sicológicas en el factor determinante en los resultados. El blanco es entonces, las mentes de la población, de toda la población, nuestras propias fuerzas, las del enemigo y la población civil”.

Estas definiciones treinta años después de las primeras, explican, la experiencia adquirida por los servicios y organismos especializados de Estados Unidos, en su actuar contra nuestros pueblos.

Numerosas instituciones “no gubernamentales” han surgido a la palestra pública, con tales fines. Entre ellas la Fundación para el Desarrollo de la Democracia (National Endowment for Democracy – NED) y el Instituto Internacional Republicano (International Republic Institute- IRI), junto a la archireaccionaria “Heritage Foundation”, ocupan un lugar privilegiado. Fabrican artículos, campañas, imágenes de personas y todo lo que imaginar se pueda, para lograr sus fines: confundir, engañar, desviar.

Por otra parte, en cada embajada norteamericana, dependiendo de la CIA, la USIA u otra agencia especializada, una sección se ocupa del trabajo con los medios masivos y las campañas mediáticas. No siempre resulta ingenua tal o mas cual ataque aparecido en un medio, contra posiciones o lideres revolucionarios.

Al escribir estas líneas, me viene al recuerdo aquella magnífica película en que actúan Robert de Niro y Dustin Hoffman, en la cual, un presidente norteamericano, atribulado por el escándalo de una aventura amorosa, vísperas de su reelección, contrata a un productor de Hollywood para fabricar una guerra inexistente y desviar así a la opinión pública. Ese es el concepto. Hacer creer, lo que precisamente no existe.

De manera tal, las campañas de “guerra sicológica”, lo que pretenden es descomponer la sociedad, desacreditar a sus líderes y organizaciones vanguardias, en otras palabras, subvertir políticamente el área donde se proyecta, ablandarla, descomponerla, para después, apoderarse de ella.

Recientemente se desarrolló el referendo revocatorio en Bolivia, donde por iniciativa del presidente Evo Morales y por primera vez en su historia republicana, el país, tuvo la opción de cambiar las autoridades constituidas. Examinar una sola vez los ejes de las campañas mediáticas elaboradas contra el dirigente boliviano, los insultos y calumnias, las mentiras expuestas, para comprobar como todos los conceptos enumerados, relativos a la guerra sicológica, fueron aplicados. Casos parecidos suceden en Venezuela, Nicaragua y Ecuador, donde sus dirigentes y organizaciones, son ultrajados y calumniados mediante campañas diseñadas en Washington, por asépticos “especialistas”, que desde sus refrigeradas oficinas reciben las encomiendas gubernamentales.

Sin embargo, como lo muestra la historia reciente en Venezuela, donde se ensayan todos los experimentos mediáticos y de guerra sicológicas conocidos, han fracasado y es que los pueblos son sabios y cada vez creen menos, en las novelitas rosas, de las campañas subversivas.

Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras, al decir de Martí y Fidel, hoy en éste mundo globalizado, debemos prepararnos para enfrentar la guerra sicológica y mediática desencadenada por Estados Unidos contra nuestros pueblos. En la batalla de ideas, de conceptos, los revolucionarios también venceremos.

*Fabián Escalante es general de división retirado,  investigador en Asuntos de Seguridad Nacional, que ha publicado numerosos títulos referidos a la subversión de Estados Unidos contra nuestros pueblos.

 

Publicado originalmente en: http://www.insurgente.org (31.08.08)

 

Tomado de:  https://hernanmontecinos.com/2008/08/31/%c2%bfguerra-sicologica-o-destruccion-de-la-conciencia-social/

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Roilán Rodríguez Barbán dice:

    LA GUERRA CULTURAL Y SIMBÓLICA.
    Por: ROILÁN RODRÍGUEZ BARBÁN
    Máster en Cultura Económica y Política.
    I. Una afrenta contra la juventud.
    “Vivimos en medio de una intensa guerra cultural y simbólica y estamos obligados a promover cada vez más el análisis colectivo, el diálogo, en torno a estos temas. El tipo de desafío que tenemos por delante no admite respuestas simplificadas ni puramente emocionales. El peor error de un revolucionario, decía Fidel, es no pensar. Hay que ejercitarse en pensar, en argumentar, en razonar; en ver la realidad en su devenir y en toda su complejidad, más allá de las coyunturas”. Es por ello que oponerse a la idealización del paradigma yanqui de modernidad y progreso, ola que arrastra a algunos crédulos, es enfrentarse a posiciones anexionistas y coloniales.

    Al hablar de subversión, coincidimos con Enrique Ubieta Gómez , en que nos parece más preciso referirnos a la guerra cultural que se establece en torno a la construcción de una sociedad alternativa, y de la ofensiva general que se ha producido en los últimos años con el objetivo de aprovechar el fin biológico de la generación histórica que hizo la Revolución y la continuidad de las nuevas generaciones. La guerra cultural, entre otras cosas esenciales, incluye lo ideológico y lo político.

    El opuesto de la nación que estamos construyendo es el capitalismo, y en un sentido histórico concreto, el imperialismo. La guerra que libramos- en línea con Ubieta- incluye la percepción, la construcción de modos de vida diferentes, de modelos de vida, de conceptos de felicidad que se opongan, que nieguen los del capitalismo.
    No puede desconocerse que hoy el principal instrumento de dominación con que cuenta el imperialismo es la guerra cultural, la cual se expresa en múltiples formas de subversión política ideológica. Ha logrado que en todo el mundo prevalezcan de manera aplastante los patrones de su industria del entretenimiento y de la maquinaria mediática a su servicio. La humanidad sufre en el presente la ofensiva de una operación de colonización cultural a gran escala. Se trata de imponer el frívolo e injusto modelo del llamado sueño americano, denunciado tempranamente por nuestro Héroe Nacional José Martí.
    Esta se desarrolla en medio de la revolución tecnológica contemporánea que favorece la generación constante de imágenes e información. El empleo de fórmulas comunicativas eficientes, derivadas de las técnicas del marketing impone gustos, valores y necesidades, a la vez que viste de credibilidad un mensaje cada vez más manipulado. Es imposible cerrar fronteras a esta avalancha y, por otra parte, inscritos como estamos en la era de la globalización, “tenemos que sustentar el debate ideológico en una información de amplio horizonte, veraz y creíble”. El receptor de hoy no es el de hace medio siglo.

    La guerra cultural desatada por los centros de poder que operan a escala global, es en esencia, contra la juventud. Es como una empresa invisible, glamorosa, embaucadora; que trata de impedir la construcción del pensamiento propio en respuesta al pensamiento único globalizado, que busca masificar las conciencias y someterlas a las pérdidas de las identidades culturales, al consumismo, a la falta de libertad, a ese pensamiento que se basa en la dominación y no en la liberación de los pueblos.
    Se trata de una guerra también de los modelos de vida, de los conceptos de felicidad, del modo de vida capitalista en el cual los objetos determinan el valor de las personas, reproduciendo en el imaginario social que cualquiera puede llegar a hacerse rico. A lo que aspira el imperialismo es a desideologizar nuestra propia vida, cambiar nuestras mentes y ganar la guerra cultural.
    Unas exiguas corporaciones, muy poderosas, imponen los paradigmas, ídolos, modas y formas de vida que predominan actualmente en nuestra época. Sus mensajes, en apariencia variados, forman parte de un discurso único, hegemónico, que asocia felicidad y consumo, éxito y dinero, que hace una apología constante del capitalismo y de la superioridad imperial; que se empeña en descalificar todo pensamiento independiente y cualquier causa que se oponga a sus intereses. Junto a la instigación permanente al consumismo promueve, además, el individualismo y egoísmo que desideologiza y desmoviliza.
    Es por ello que el mensaje dirigido a las nuevas generaciones «Claves para alcanzar la felicidad», del Doctor Armando Hart Dávalos, ejemplar combatiente revolucionario de la Generación del Centenario y personalidad indiscutible en el campo de la política y la cultura cubanas, resulta asidero por el valor moral que encierra el contenido de este encargo para la juventud ante la guerra cultural que se le trata de imponer, en la sutil campaña colonizadora de mentes humanas. Como ha señalado el eminente intelectual brasileño Frei Betto, en el contexto actual: “El primer deber del educador no es formar mano de obra especializada o calificada para el mercado de trabajo. Es formar seres humanos felices, dignos, dotados de conciencia crítica, participantes activos en el desafío permanente de perfeccionar el socialismo (…), nombre político del amor”.
    Avanzar en este sentido implica superar el avasallador proceso neoliberal de “deshistorización de la historia”. Sin formación histórica no hay conciencia revolucionaria, ni proyectos políticos serios. Con la equívoca tesis del fin de la historia, los neoliberales pregonan que la humanidad ya alcanzó su nivel civilizatorio más alto, consustanciado en el sistema capitalista.
    Para nadie es un secreto que en la estrategia subversiva contra Cuba, el imperialismo tiene entre sus objetivos priorizados a los jóvenes, en particular a los estudiantes, apostando a la inexperiencia y a la rebeldía natural de la juventud. Se desatinan obcecadamente en crear brechas entre las distintas generaciones que llevamos adelante el proceso revolucionario. La actividad enemiga busca frustrar el compromiso de los jóvenes cubanos con la Revolución, dañar el funcionamiento y liderazgo de la Unión de Jóvenes Comunistas, las organizaciones estudiantiles y los movimientos juveniles, penetrar en nuestros centros universitarios y de la enseñanza media superior, manipular el papel e influencia de la religión, manejar el acceso a las nuevas tecnologías e Internet en correspondencia con sus fines… y otros aspectos de la vida social, económica y política del país que inciden directamente en los jóvenes.
    Asistimos a un singular momento de la Historia de nuestra Patria sobre el que debemos meditar serenamente. Entre las necesarias transformaciones económicas y sociales emprendidas para perfeccionar el socialismo, emerge un escenario de apertura al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos; y en una difusa circunstancia histórica donde se trata de imponer a nivel mundial, como nunca antes, la cultura del tener, del egoísmo, la frivolidad, frente a la cultura del ser, el humanismo, la solidaridad. Se trata de una guerra de conquista y colonización cultural que se libra en el terreno de los valores y de la ideología, donde el peligroso silencio de los cañones se enfila hacia las nuevas generaciones.
    II. Cómo ganar mentes y corazones en el mundo de hoy.
    Los conflictos del mundo actual, como nunca antes en la historia humana, trascienden la espantosa violencia de las armas. La contienda más profunda y determinante se está escenificando en terrenos más simbólicos. ¿Qué hacer? es la pregunta que se impone para enfrentar esta avalancha colonizadora de mentes humanas.
    El siglo XXI se presenta ante nosotros signado por una vertiginosa y acelerada revolución de la ciencia y la tecnología, mientras que el planeta entero es timoneado como un inmenso “Titanic” espacial navegando hacia lo desconocido: guerras de exterminio, cambio climático, hambre, sed y enfermedades amenazan la existencia de nuestra especie. En esta hora crucial- como ha vaticinado Fidel- “Luchar por la paz es el deber más sagrado de todos los seres humanos”.
    La era de Internet ha cambiado el mundo. El hombre moderno desarrolla hasta límites insospechados el mundo de las infocomunicaciones, el cual nos incluye y trasciende, sin embargo no ha sabido ser lo suficientemente sabio para salvarse a sí mismo y preservar la esencia de la vida.
    A la depredación apocalíptica de la naturaleza se añaden los ilimitados recursos predestinados a producir una progresiva enajenación humana, sembrando fronteras insalvables entre la conciencia crítica y la realidad concreta. Una orgía de imágenes seductoras que conforman la sociedad del espectáculo nos rodea por todas partes, creando adicción y escindiendo la capacidad de pensar. Embriagados, nos sometemos a los paradigmas de lo virtual y a las leyes ciegas del mercado. El elitismo estético que conforma la opinión dominante nos impone patrones de “belleza”, “felicidad” y cánones discriminatorios que atentan contra la dignidad humana.
    El asedio de la hegemonía neoliberal, las campañas para desvalorizar la memoria de los pueblos, desacreditar la historia, desmontar los símbolos y simplificar o satanizar las culturas autóctonas, forma parte de las tácticas imperialistas para imponer su hegemonía a nivel mundial. La cultura chatarra que preconiza el consumismo, el individualismo, la violencia, el sexo, la prepotencia y el patrioterismo imperial, entre otros temas, tratan de imponer contagiosos modelos de hábitos y conductas ajenos a los valores originales de los pueblos.
    La industria del frívolo entretenimiento gana cada vez más adeptos en niños y adultos. Una legión bien dotada de personajes de seriados, películas y telenovelas; superhéroes y barbies, portadores en lo esencial del extremo egoísmo capitalista, conforman el “caballo de Troya” que antecede a los portaaviones y los misiles para asesinar en nombre de la civilización y los derechos, vendiendo a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social: Es la guerra de los símbolos.
    El propio Allen Dulles (jerarca de la CIA) en su libro El Arte de la Inteligencia afirmó algo que es hoy objetivo principal de la empresa recolonizadora de mentes humanas: “…Debemos lograr que los agredidos nos reciban con los brazos abiertos, pero estamos hablando de ciencia, de una ciencia para ganar en un nuevo escenario la mente de los hombres. Antes que los portaaviones y los misiles, llegarán los símbolos, los que venderemos como universales, glamorosos, modernos, heraldos de la eterna juventud y la felicidad ilimitada…”3
    “Detrás de grandes marcas, como Nike, McDonald´s, Shell, Tommy, Disney, Liz Claiborne, entre tantas otras, se esconde la explotación más despiadada de las multinacionales del primer mundo sobre los obreros- muchos de ellos niños- de los países tercermundistas, los cuales trabajan como esclavos por miserables salarios, en condiciones increíbles, alimentando con su sangre y sudor las arcas del capitalismo”; analiza en su documentada obra No Logo. El poder de las marcas la politóloga Naomi Klein.
    Como la cultura, la política se somete a las leyes del espectáculo . Al igual que la economía, el mundo existente se desvanece tras el rejuego especulativo de los valores de la bolsa. El uso eficaz de la imagen conformada creativamente en los laboratorios de los centros de poder y propagada por los múltiples medios que nos encierran, invalida las ideas y hace un cuidadoso montaje de realidades aparentes. La tiranía de la seducción constituye el arma principal para la manipulación de las masas. Se trata tácitamente- al decir del destacado intelectual Ignacio Ramonet- de un “delicioso despotismo”.
    La creación en los Estados Unidos, el 23 de junio de 2009, de un Comando del Ciberespacio con el propósito de tener un “alcance mundial, vigilancia mundial, poderío mundial” nos provoca a reflexionar sobre lo que revela Daniel Estulin en su libro Los secretos del Club Bilderberg alrededor de las intensiones de importantes grupos de poder que aspiran a un planeta prisión mediante un mercado globalizado, controlado por un gobierno mundial único, vigilado por un ejército mundial, regulado por un banco mundial y habitado por una población controlada por microchips; todo conectado a un ordenador global que supervisará cada uno de nuestros movimientos. Las nuevas guerras, desde entonces, no se escenifican solo en el aire, el mar y la tierra, sino también en los escenarios virtuales. Se define el ciberespacio como nuevo campo de batalla del siglo XXI.
    Siguiendo esta línea los halcones belicistas imperiales han redefinido su doctrina militar a partir del inmenso poderío militar y la combinación de lo que llaman soft power, poder suave y smart power, poder inteligente, priorizando la colonización cultural, Hollywood, los ideales del capitalismo y las campañas para ganar “las mentes y corazones” de poblaciones y regiones completas, a partir de una avasalladora manipulación mediática, donde la principal apuesta continúa siendo la juventud. Esta estrategia de guerra no convencional se apoya en teóricos de la guerra cultural como Gene Sharp, autor de La política de la acción no violenta (1973) y De la dictadura a la democracia (1993), textos que han sido tomados como referencia para armar la teoría del llamado golpe suave.
    Al respecto refiere el General de Ejército y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz: “No pocas analogías, pueden encontrarse en los manuales de guerra no convencional, aplicados a varios países de nuestra región latinoamericana y caribeña, como hoy sucede en Venezuela y con matices similares se ha evidenciado en otros continentes, con anterioridad en Libia y actualmente en Siria y Ucrania. Quien tenga duda al respecto lo invito a hojear la Circular de entrenamiento 18-01 de las Fuerzas de Operaciones Especiales norteamericanas, publicada en noviembre de 2010 bajo el título La Guerra no Convencional”.
    Esta circular se trata de un táctica paso a paso hacia la subversión. Expresa que la intención fundamental que posee el gobierno de los Estados Unidos es explotar las vulnerabilidades psicológicas, económicas, militares y políticas de un “poder hostil”, desarrollando y sosteniendo a las fuerzas de resistencia a fin de lograr los objetivos estratégicos de Washington.
    Las “Guerras de Cuarta Generación”, como también se les llama, no emplean la fuerza de un arma convencional, sino que a través de medios creativos, innovadores, tecnológicos y tácticas cautelosas, logra llevar a cabo las intenciones que se plantean. Actualmente esta modalidad de guerra está erigida no solo como forma principal de agresión, sino como instrumento estratégico de la política exterior norteamericana.
    Desde hace mucho tiempo se viene manifestando una descomunal guerra de los símbolos a nivel mundial, por lo que resulta impostergable ganar conciencia de ello, sobre todo en las nuevas generaciones; y reforzar en el imaginario social nuestros símbolos, tradiciones y cultura nacionales: Plan contra Plan. Las ideas revolucionarias han de estar siempre en guardia.
    III. El hombre mediocre y las fuerzas morales.
    El hombre mediocre y Las fuerzas morales son dos maravillosas obras del eminente filósofo y maestro del pensamiento latinoamericano del siglo XX José Ingenieros (1877- 1925), y he tomado como referencia obligada ambos títulos porque, en esencia, describen hoy el dilema de la guerra cultural y simbólica desatada por poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional. El imperio pretende seducir a la juventud y manipular la candidez, volviéndolos insignificantes y despojándoles de sus ideales.
    Una enorme ignorancia- como ha señalado Fidel- envuelve a la especie humana y sus infinitas formas de experiencias; se modelan nuevas tácticas imperiales para lograr frustrados objetivos; hay quienes hacen un llamado al olvido de toda la gloria que se ha vivido; la ofensiva reaccionaria amenaza con liquidar a las fuerzas progresistas de Nuestra América; las guerras no convencionales y estrategias de “golpe suave” constituyen las armas predilectas del capitalismo; prosigue el indetenible deterioro del medio ambiente ante la irresponsabilidad de las élites y la desenfrenada carrera consumista; el destino del planeta está en manos de poderosas transnacionales; crecen las tendencias fascistas, el racismo, la xenofobia, la violencia incontrolada y cada vez más cruel e insensata, entre otras muchas manifestaciones de barbarie.
    Ante este terrible panorama, nos concierne fortalecer el enfrentamiento a la subversión política ideológica y a la guerra cultural imperialista, no permitir que avancen y se consoliden en nuestra patria los vicios del capitalismo; lograr en toda la sociedad la formación de valores y convicciones de ese Hombre Nuevo del siglo XXI, como tempranamente alertara el Che. La batalla es esencialmente económica, cultural e ideológica.
    El capitalismo estimula la mediocridad y la vulgaridad es su estampa. El hombre mediocre es creado sutilmente para la insensibilidad y la reproducción mecánica de ideas y modos de vida irracionales e ignora- al decir de Ingenieros- la quimera del artista, el ensueño del sabio y la pasión del apóstol. Desdeña la inteligencia creadora, el verbo altivo y comprometido, la pasión y el humanismo revolucionario, vive para el aquí y el ahora. Esas criaturas sietemesinas, carentes de ideales, son meramente “cuantitativas” porque pueden apreciar los cálculos del más y el menos, ostentar lo fatuo, pero incapaces de distinguir las esencias más profundas de las cosas. Actúan siempre toscamente, sin saberlo, como escuderos del servilismo ante una humanidad necesitada de quijotismo.
    El socialismo, en cambio, enaltece las fuerzas morales como cualidad indispensable de la condición humana en la transformación del mundo, lo cual no puede, en modo alguno, limitarse al aspecto material de la cuestión. Sin ideales sería inexplicable la evolución y el progreso, existieron y existirán siempre. Invariablemente habrá contradicción entre la vileza y la dignidad, la ineptitud y la originalidad, la simulación y la virtud. Es mucho más trascendental el enriquecimiento de la conciencia, de su dimensión ética e ideológica, de vivir para un ideal, dotado de honda sensibilidad que carecer de iniciativa, llenos de apatía, acomodaticios, vacíos y frívolos. El revolucionario verdadero está guiado, ante todo, por grandes sentimientos de amor.
    También hay que decir que en el socialismo además de la justicia social no se desestima la prosperidad material, pero lo esencial está en la altivez y fortaleza del alma, teniendo lo necesario para vivir dignamente, que el desdén de la riqueza, el egoísmo excluyente y la soberbia que envilece a los hombres, los aparta, divide y acorrala.
    No olvidemos nunca lo aprendido en estos años de constante batallar de que “Revolución es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio”, además de altruismo, solidaridad y heroísmo, y la sentencia martiana de que “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre”.
    Debemos pensar y valorar en todos los escenarios de la vida social, como demandara el VII Congreso de nuestro Partido, en cómo continuar afianzando una cultura anticapitalista y antimperialista en nuestro pueblo, combatiendo con argumentos, convicción y firmeza las pretensiones de establecer patrones de la ideología pequeño burguesa caracterizados por el individualismo, el egoísmo, el afán de lucro, la banalidad y la exacerbación del consumismo. Ello significa enfrentarnos con ideas y acciones concretas a la avalancha colonizadora imperialista y a la idealización del paradigma yanqui de modernidad y progreso que se intenta imponer a nivel mundial. Nosotros seguiremos apostando por continuar haciendo de nuestra Patria “Ese Sol del Mundo Moral”.

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    1. Muchas gracias Roilan lo estoy poniendo como una nueva entrada.No había podido verlo antes por problemas de la conexión.

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  2. Roilán Rodríguez Barbán dice:

    Centrismo político o “Ser o no ser”.
    por: Roilán Rodríguez Barbán*

    Parece renacer en la palabrería reaccionaria de hoy, el rancio término de “centrismo político o tercera vía”. De ello se habla con frecuencia en los medios digitales; quizás se viene azuzando desde los laboratorios secretos de los grandes centros de poder imperialistas que operan a escala global, como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia. Hay quienes aparentemente se adscriben al centro para ocultar el lado derecho del corazón. Hubo una vez un conciliador Zanjón y aconteció un glorioso Baraguá.

    No debe olvidarse, por ejemplo, como a fines de la década del 50 en Cuba la CIA desplegó su principal esfuerzo en estudiar detalladamente el amplio abanico de organizaciones y representantes de la oposición a la dictadura batistiana. Un fin práctico resultante de este estudio era determinar quienes podían ser reclutados para sus planes de promoción de la “tercera fuerza” dirigida a frustrar el triunfo de las ideas más revolucionarias. Cabe preguntarse a luz de hoy si este objetivo ha cambiado.

    En su libro autobiográfico, el alto funcionario de la CIA, David Atlee Phillips, expresó la paternidad de aquella idea, la creación de una “tercera fuerza”, ni batistiana ni fidelista, de manera que se neutralizaran las posturas más radicales. Así se actuó en la capital habanera: “El jefe de la estación de la CIA me dijo, en una de nuestras poco frecuentes reuniones (…) que había sugerido que Estados Unidos patrocinara discretamente la acción de una tercera fuerza política en Cuba, un grupo moderado entre Castro a la izquierda y Batista a la derecha”.

    Como se explica claramente en el libro El rostro oculto de la CIA. Antesala de Playa Girón , una evaluación realizada por el órgano de Inteligencia e Investigaciones del Departamento de Estado, integrante de la comunidad de inteligencia, el 1ro de abril de 1958, expresaba en términos duros e irrespetuosos: “Si el Movimiento 26 de Julio tiene éxito en su intento de derrocar al gobierno de Batista, hay poco acerca de su más alto liderazgo que inspire confianza en que mostrará las cualidades de integridad, moderación y responsabilidad que serán necesarias para restablecer el orden y la tranquilidad en Cuba (…) De esta lucha por el poder, una posible tercera alternativa a la continuación de Batista, o a la instalación de un régimen revolucionario encabezado por Castro, pudiera ser el surgimiento de una Junta Cívico- Militar que expulsara a Batista, pero no permitiera a Castro asumir una posición dominante” .

    En carta a Frank País, Fidel definió verticalmente la política de principios ante estos intentos: “(…) ¿Qué nos proponen una mediación amistosa? Respondemos que no hay mediación honrosa, ni mediación patriótica, ni mediación posible en esta lucha” . Es la posición firme del mismo hombre que nos enseñó que las ideas revolucionarias han de estar siempre en guardia en la medida que la humanidad multiplica sus conocimientos.

    No hay ni habrá términos medios, conciliación, ni arbitraje posible, con los enemigos de la Revolución que quieren destruirla. Nosotros, los cubanos, sabemos que la Revolución no es un paseo, ni es un parto fácil, es un parto difícil. Una Revolución no es sino una gran batalla entre los intereses del pueblo y los intereses contrarios al pueblo; una Revolución es una gran lucha en la cual todos somos actores, en la cual nadie puede pretender sustraerse, porque sus consecuencias afectan por igual a los que luchan y a los que pretenden ser indiferentes.

    Tampoco debemos olvidar las enseñanzas de Fidel de que una Revolución es, sobre todo, un tremendo choque de intereses sociales, es una tremenda lucha de clases sociales; de modo que la herencia más importante y la idea esencial está en ser fiel a los principios, no dejarse intimidar por nada, no permitir que nada ni nadie cambie la línea pura y recta de la Revolución.

    A quienes cubren dantescamente de “buenas intenciones” el dardo manipulador de un supuesto “centrismo político”, o lo que es lo mismo, el intento desesperado y solapado de restaurar el capitalismo en Cuba, hay que decirles que la vía verdadera inició el 1ro de enero de 1959 y que nuestro pueblo lleva adelante en esta hora solemne de la patria.

    Con nuestro máximo líder revolucionario compartimos en época reciente aquello de que en una Revolución verdadera no hay mediaciones posibles: “Ser o no ser” —creo que dijo Shakespeare en uno de sus dramas. Esa es la alternativa de los jóvenes. Cualquier otra cosa sería vivir en el más idílico de los mundos algunas decenas de años, que en la Historia del Tiempo no serían más que unos segundos”.

    * Máster en Cultura Económica y Política.

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