¿EL FIN DEL HUMANISMO? Por Fernando Duque

ALAI

indexEn 1950 –hace 67 años– Ray Bradbury publicó en el libro El hombre ilustrado, un cuento llamado La pradera, donde  palabras más, palabras menos, cuenta que una familia vive en una casa totalmente automatizada, llena de máquinas  y dispositivos que hacen de todo, desde cocinar hasta vestirlos, mecerlos y hacerlos dormir. Los dos hijos, Peter y Wendy, tienen además una sala de realidad virtual que es capaz de conectarse telepáticamente con los niños y  reproducir cualquier lugar que ellos imaginen.

Los padres pronto se dan cuenta que algo anda mal. El cuarto de los niños se quedó atascado en un contexto africano, con los leones en la distancia, comiendo el cuerpo muerto de lo que ellos suponen es un animal. Allí también encuentran recreaciones de sus pertenencias personales y oyen gritos extrañamente familiares. Se preguntan por qué sus hijos están tan preocupados con esta escena de la muerte y deciden llamar a un psicólogo.

El psicólogo sugiere que apaguen la casa, que se vayan al campo y aprendan a ser más autosuficientes. Los niños, totalmente dependientes de su cuarto, piden a sus padres dejar que ellos tengan una última visita. El cuarto ha sustituido a sus verdaderos padres. Viven para dicho cuarto. Los padres se aplacan y están de acuerdo en dejar que ellos pasen un minuto más allí. Cuando entran  al cuarto a recoger a los niños, los niños les bloquean la puerta desde el exterior. Sus padres, George y Lydia adentro, observan mientras los leones comienzan a avanzar hacia ellos. Gritan. En ese momento, se dan cuenta que lo que los leones estaban comiendo en la distancia no eran animales sino a sus propios restos simulados. Cuando el psicólogo viene a buscar a los padres se encuentra con los niños disfrutando del almuerzo en la sabana y ve a los leones comiendo algo en la distancia. El lector se da cuenta de que George y Lydia murieron a manos de sus propios hijos. El lector se da cuenta que lo que tantas veces habían imaginado los niños, se hizo realidad.

Ese panorama que nos muestran escritores, filósofos y científicos, así como películas de ficción y futurismo, que podríamos denominar “el fin del humanismo”, es posible y real?

Stephen Hawking, el famoso científico, acaba de decir que el apocalipsis lo causará el capitalismo y la avaricia humana.  Noam Chomsky, Bauman, Zizek, el papa Bergoglio, Bernie Sanders, Pepe Mujica y miles de intelectuales desde hace muchos años vienen expresando que el desarrollo y el actual modelo económico nos llevará hacia el abismo. ¿Pero, no fue Estanislao Zuleta quien nos dijo hace décadas que la excesiva racionalidad en el detalle y, la más absoluta irracionalidad en el conjunto, nos llevaría al más injusto de los mundos? ¿Y acaso, la escuela de Frankfurt, desde 1923, no denunciaba cómo la máquina capitalista y la alienación ideológica venían triturando los cerebros y el espíritu humano para convertirnos en idiotas consumidores, en zombis? ¿Y en el siglo XIX y XX, Marx, Nietzsche y Freud no crearon acaso, cada uno por separado, escuelas de pensamiento que ponían patas arriba los intocables conceptos burgueses y denunciaban las trampas del sistema y la ideología imperante que hoy, como nos han contado hace poco, ocho individuos tienen la misma fortuna que las 3.500 millones de personas más pobres del planeta? ¿Y el calentamiento global?

Nos apasiona el pasado porque nos apasiona el futuro. Como dice Paul Valery: “La idea del pasado solo adquiere sentido y tiene valor para el hombre que halla en sí mismo la pasión por el porvenir”.

Hace 40 años grupos de jóvenes en todo el mundo y en Cali, andábamos cargados de libros, interesados por todos los temas del pasado y el futuro repitiendo la famosa frase: “Socialismo o barbarie” ¿Éramos conscientes de lo que decíamos en esa época, sabíamos a que nos estábamos enfrentando? ¿Alguna vez pensamos que íbamos a llegar a este punto?

Muchas preguntas me asaltan ¿Por qué George Steiner dice que no hemos avanzado un milímetro desde Parménides y Platón en cuanto a saber qué es el hombre? ¿Por qué dice que el humanismo no humaniza? ¿Qué hombres cultos podían trabajar el día entero dirigiendo las tareas en los hornos crematorios y las fábricas de jabones y botones de la piel de los judíos en los campos de concentración nazi y por la noche en su casa recitar poemas de Goethe y oír música culta?  ¿Por qué entonces se dice que somos humanos si en infinidad de conductas somos excesivamente, aterradoramente inhumanos? ¿Por qué, el mismo Steiner en su libro En el castillo de barba azul del año 1973, hace 43 años, dice que con la ciencia y la tecnología, estamos abriendo  –sin retorno–, la última puerta hacia el infierno?

¿Estamos en el fin del humanismo y ad portas, como lo dice Yuval Noah Harari en su libro “De animales a dioses”, de dar un salto cualitativo en que la humanidad será desplazada por la inteligencia artificial, los ciborgs o las computadoras inteligentes y nosotros pasaremos a ser sus esclavos?

Podría quedarme toda la noche citando y preguntando, por ejemplo, que los niños de hoy  nacen ya casi nacen con una terminal informática en la mano y no aprenden con significantes de su madre y sus allegados todo lo necesario para atrapar el mundo y humanizarse sino con lucecitas  de pantalla.  Demos la palabra ya a los conferencistas que tienen mucho que decirnos de sus ideas y quienes juiciosamente llevan décadas pensando y escribiendo sobre estos temas. Fernando Cruz Kronfly  en su libro La sombrilla planetaria y William Ospina en Es tarde para el hombre y Parar en seco Quiero finalizar leyendo a ustedes las primeras líneas del libro Historia de dos ciudades de Charles Dickens, que resume perfectamente todo lo que yo quisiera decir esta noche sobre el complejo, importante y difícil tema que nos ocupa.

Era el mejor de los tiempos,

Era el peor de los tiempos,

Era la edad de la sabiduría,

Era la época de la locura,

Era la época de la fe,

Era la época de la incredulidad,

Era la temporada de la luz,

Era la temporada de las tinieblas,

Era la primavera de la esperanza,

Era el invierno de la desesperación,

Teníamos todo ante nosotros,

Íbamos todos derecho hacia el cielo,

Íbamos todos en sentido contrario.

Fernando Duque es profesor de la Universidad Libre de Cali (Valle, Colombia). Este texto lo presentó como introducción en un evento realizado el pasado 28 de febrero en la Biblioteca Departamental con la intervención de los escritores William Ospina y Fernando Cruz Kronfly.

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