IMPERIO, GUERRA, CINE Y VIDEOJUEGOS: SIETE APUNTES NO TRIPULADOS por Miguel Antonio Guevara

Una especie de fuegos artificiales de color verde logramos ver a través de las pantallas de nuestros televisores entre agosto de 1990 y febrero de 1991. Tormenta del Desierto fue el nombre con el que el Gobierno de los Estados Unidos alcanzó a “bautizar” otra atrocidad del colonialismo moderno en la última década del siglo XX; millones pudimos ver a través de las pantallas incalculables destellos traducidos en bombardeos sobre territorio iraquí “como si fuera un partido de fútbol o una película más”, diría Julio Llamazares en un artículo de ese entonces, titulado “La guerra televisada”.

Han pasado casi 25 años y todavía seguimos observando –como si se tratase de otra ficción hollywoodense– invasión tras invasión en Oriente Medio, con la misma potencia a la cabeza de las acciones, “mejorando” cada vez más sus métodos de destrucción y exterminio, tanto de infraestructura como de millones de vidas, culturas enteras arrasadas. Un triste ejemplo: Afganistán. Grandes extensiones de cultivos arrasados, cientos de desplazados, cambios e imposiciones en la toponimia, que sucede actualmente en Palestina a manos del gendarme imperial en la región.

¿Podrías imaginarte que de un momento a otro cambiaran el nombre de tu ciudad, con un idioma ajeno y apartado totalmente de tu raíz cultural? Caracas por New Valley, Margarita por York Island, o los nombres de tus alimentos: arepa por ceviche, por ejemplo. Esto ocurre en territorio palestino, sólo con investigar un poquito encontramos con que el shawarma o el faláfel han sido reclamados por los israelíes como suyo. No basta con arrebatar territorio, no, queremos todo, incluyendo borrarte del mapa mental del gusto.

Lo cierto es que el reordenamiento de Oriente Medio para ajustarlo a los intereses geopolíticos de Washington en la guerra por los recursos continúa, acompañado de una renovada estrategia de comunicación de masas que persigue consolidar en el imaginario la guerra como un acontecimiento inocuo, potable, no sólo porque está ocurriendo a muchísimos kilómetros de nuestros hogares, sino porque se ve diferente, sí, diferente.

2. Vehículo aéreo no tripulado / VANT / DRON

En las imágenes más frescas que podemos encontrar sobre los bombardeos y enfrentamientos contra el Estado Islámico o efectuados por la misma organización sólo observaremos la vista subjetiva del principal protagonista de esta nueva guerra que parece de mentira pero es de verdad: el dron.

Los drones o vehículos aéreos no tripulados no son “juguetes” nuevos, se han utilizado desde la II Guerra Mundial, avanzando en sus capacidades tecnológicas para la destrucción conforme han pasado los años y la técnica bélica, afianzándose en su versatilidad para el combate sin arriesgar bajas humanas y la incursión en territorio enemigo de difícil acceso.

Hoy encontraremos drones en muchos lugares, desde un reportaje donde el coronel Scott Brenton (desde una base militar apenas a 380 kilómetros de Nueva York) nos cuenta cómo controla uno de estos aparatos sobre cielo afgano, mientras ve a niños y niñas jugando al fútbol o familias en su cotidianidad, para luego abrir fuego y quitarle la vida a un insurgente talibán.

“Matar a 11 mil kilómetros de distancia”, titularon el reportaje. Así, tan “fácil”, desde una cabina parecida a un simulador con control de consola de Play Station o joystick a la moda entre gamers y demás fauna amante de los videojuegos.

3. Hollywood: fijación no tripulada

Otros lugares en donde vamos a encontrar vehículos aéreos no tripulados es en películas nuevas como Oblivion de Joseph Kosinski, Elysium de Neill Blomkamp y la reciente Interstellar de Christopher Nolan. En las primeras dos, los drones cumplen función de policías, agentes de control o eliminación de cualquier cosa que se mueva, mientras que en la última sólo aparece durante escasos segundos, cuando el personaje Joseph Cooper, un expiloto de la NASA, interpretado por Matthew McConaughey, mientras se desplaza con sus hijos en su camioneta con una simple laptop logra hacer descender uno que surcaba los aires.

¿Tanto dinero se da el lujo de gastar Christopher Nolan en la producción de una secuencia que no tiene mayor relevancia en el film? ¿Será que olvidó la clásica lección teatral de que mostrar un cuchillo obliga a usarlo en algún momento? Pues nada que ver, no se vuelve a ver ni a hablar del juguetito en toda la trama.

Žižek:  Hollywood es el frente de batalla ideológico, es decir, si se quiere saber hacia dónde se dirigirá el imperio, es preciso escuchar su megáfono por excelencia: películas, series, videojuegos, literatura distópica, videos de la industria musical y otros cañones ideológicos

Hasta en el último mundial vimos drones. Están en todos lados, cumpliendo con su labor de llegar a esos lugares a los que el ojo humano aparentemente no puede llegar, “facilitan” la vida estos avispones de metal. Muchas noticias sobre drones en los últimos años, sobre sus capacidades, pero sobre todo cómo ven, cómo observan, cómo ejecutan la muerte a través de comandos teledirigidos. Hay un especial interés en posicionarlos en el imaginario, como si se tratase de un asunto de orden público: escuchen, masas, todo el que pueda, toda aquella que vea mis películas bélicas o no, hay unos aviones que son imperceptibles y pueden matar a distancia.

Insisten en alejarnos de la abyección de la guerra y el bombardeo.

Nos alejan, poco a poco, progresivamente, desde hace décadas, de la monstruosidad de la guerra y Hollywood produce colosales cantidades de material de apoyo.

Es más sutil e inofensivo observar una explosión en una toma cenital o cualquier ángulo aéreo en el que se ve una ola de polvo levantándose, adiós primeros planos de niñas y niños amputados junto a sus madres acribilladas, junto a sus padres mostrando sus muñones que jamás moverán mano alguna, adiós, porque el imperialismo y las potencias aliadas necesitan “bombardeos humanitarios” para esconder el horror, barrer y meter la basura bajo la alfombra roja.

4. Hollywood: seguimos ¡sí! paramos ¡no!

Muchas son las pruebas que nos han hecho entender que Hollywood y toda la industria del cine estadounidense hace las veces de un río bélico que suena (porque piedras trae), en palabras del filósofo esloveno Slavoj Žižek: “Hollywood es el frente de batalla ideológico, es decir, si se quiere saber hacia dónde se dirigirá el imperio, es preciso escuchar su megáfono por excelencia: películas, series, videojuegos, literatura distópica, videos de la industria musical y otros cañones ideológicos”.

La guerra siempre comienza en el plano mental, se ha repetido hasta saciar pero al parecer todavía hay oídos sordos. Frances Stonor Saunders en su investigación La CIA y la guerra fría cultural nos develaría los planes y acciones ejecutadas para penetrar todos los espacios de la cultura.

Ayer fueron las ficticias vanguardias del llamado expresionismo abstracto, siendo el Estado, a través de otros rostros, merchantes que estratégicamente posicionaron a sus artistas a punta de fundar galerías, pagar críticos y publicaciones en todo el mundo, hoy es Transformers, Quiero matar a mi jefe y El caballero de la noche.

Inolvidable ver al enorme robot azul, rojo y blanco Optimus Prime, contar que se quedaron (los transformers) en la tierra para “ayudar a sus amigos humanos”, mientras ametrallan árabes en un desierto, o a Batman adjudicándose la culpabilidad de criminal para que nadie se entere de que el fiscal de distrito Harvey Dent  –quien sería la imagen moral de ciudad Gótica– se terminó corrompiendo y convirtiendo en un monstruo; es así como la lección del complejo militar industrial devenido en complejo de entretenimiento militar es una mentira necesaria para garantizar el orden social; un dron simbólico que sigue encubriendo la verdad, fundando una moral reaccionaria a través de la farsa.

5. Hollywood: pacto con el diablo

Existe un estrecho vínculo desde hace muchísimos años entre el “séptimo arte” y el complejo militar industrial, desde la inofensiva Top Gun, pasando por Rambo y su infinidad de secuelas, hasta la reciente Batalla naval, estrenada poco tiempo después de una polvareda en la que se hablaba de un posible enfrentamiento en el estrecho de Ormuz en Irán, espacio por el que es transportado cerca del 40% del petróleo a consumirse en el mundo.

Cientos de producciones bélicas en su mayoría muestran escenarios, armamento, transporte y demás “utilería” real de las propias fuerzas armadas estadounidenses. La bicoca de mil 200 millones de dólares es parte del presupuesto aprobado para la producción de películas militares por el Gobierno estadounidense, ojo, por año, creciendo constantemente.

Esto es apenas desde 2012, basta con seguir indagando y rastrearemos más dinero, más años y más involucrados tanto dentro de la pantalla como fuera de ella, como quien dice: no es desde ayer la cosa.

6. Hollywood: Quiero matar a mi jefe 2 / Óscar al mejor guion: Adam Smith

De la escuelita de La riqueza de las naciones, dice un personaje al otro en esta ingenua comedia: solo la riqueza produce riqueza.

La maquinaria ideológica nunca descansa, baby.

7. Volviendo a los noventa

Después de tanta comida árabe, bombas dirigidas a control remoto, Batman y otras enumeraciones azarosas, recordemos al profeta de aquel entonces, que no es Kurt Cobain en las zapatillas de la época, sino Jean Baudrillard en La Guerra del Golfo no ha tenido lugar y sus otras especulaciones a propósito del imperio del simulacro al que nos ha sometido el policía global y la información que vacía en la humanidad cual recipiente existencial, en donde decía algo así como: el receptor de la hiperrealidad desempeña un papel pasivo, para él no existe la posibilidad de construir sentido de forma independiente.

Todas y todos, ninguno está exento de semejante atrocidad alienante en la que pretenden privarnos de la capacidad de indignarnos frente al aniquilamiento de la humanidad, desde nosotros como espectadores hasta el militar estadounidense, allí está, piloteado un dron al mejor estilo de Mario Bros, asesinando a cientos de personas para luego ir a cenar con su familia.

Tomado de: Misión Verdad

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