EL NUEVO UNIVERSO Y LA INTIMIDAD CERO por Ignacio Ramonet

El ciberespacio se ha convertido en una especie de quinto elemento, cuyo dominio es disputado por los más poderosos Estados y megacorporaciones del planeta, en su afán por someter a los pueblos

Durante mucho tiempo, la idea de un mundo «totalmente vigilado» ha parecido un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesionados por los complots. Sin embargo, hay que rendirse a la evidencia: aquí y ahora vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la vigilancia. Sin que nos demos cuenta, estamos, cada vez más, siendo observados, espiados, vigilados, controlados, fichados. Cada día se perfeccionan nuevas tecnologías para el rastreo de nuestras huellas. Empresas comerciales y agencias publicitarias cachean nuestras vidas. Con el pretexto de luchar contra el terrorismo y otras plagas 1, los gobiernos, incluso los más democráticos, se erigen en Big Brother, y no dudan en quebrantar sus propias leyes para poder espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwelianos intentan, muchas veces con la ayuda de los gigantes de la Red, elaborar exhaustivos ficheros de nuestros datos personales y de nuestros contactos 2, extraídos de los diferentes soportes electrónicos.

Tras la oleada de ataques terroristas que desde hace 20 años viene golpeando ciudades como Nueva York, Washington, París, Toulouse, Bruselas, Boston, Ottawa, Oslo, Londres, Madrid, Túnez, Marrakech, Casablanca, Ankara, etc., las autoridades no han dejado de utilizar el enorme pavor de una sociedad en estado de shock para intensificar la vigilancia y reducir, en la misma proporción, la protección de nuestra vida privada.

Que se entienda bien: el problema no es la vigilancia en general; es la vigilancia clandestina masiva. Ni que decir tiene que en un Estado democrático las autoridades están completamente legitimadas para vigilar a cualquier persona que consideren sospechosa, apoyándose en la ley y con la autorización previa de un juez. Como dice Edward Snowden:

«No hay problema cuando se trata de escuchas telefónicas a Osama Bin Laden. Los investigadores pueden hacer este trabajo mientras tengan permiso de un juez —un juez independiente, un juez de verdad, no un juez anónimo—, y puedan probar que hay una buena razón para autorizar la escucha. Y así es como se debe hacer. El problema surge cuando nos controlan a todos, en masa y todo el tiempo, sin una justificación precisa para interceptar nuestras comunicaciones, sin indicio jurídico alguno que demuestre que hay una razón plausible para violar nuestros derechos» 3.

Con la ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, ingenieros, matemáticos, estadísticos, informáticos, persiguen y criban las informaciones que generamos sobre nosotros mismos. Desde el espacio nos siguen satélites y drones de mirada penetrante. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros pasos, «leen» nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras infrarrojas miden nuestra temperatura corporal. Las pupilas silenciosas de cámaras de video nos escudriñan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los supermercados 4. Nos siguen la pista también en la oficina, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en carreteras, estaciones, aeropuertos…

Además, con el desarrollo en marcha de la «internet de las cosas», muchos elementos de nuestro hogar (refrigerador, botiquín, bodega, etc.), incluso nuestro vehículo 5, van a poder suministrar también informaciones valiosas sobre nuestras costumbres más personales.

Con el desarrollo en marcha de la internet de las cosas, muchos elementos del hogar van a poder suministrar informaciones valiosas sobre nuestras costumbres más personales.

Hay que decir que la inimaginable revolución digital que estamos viviendo, y que trastoca ya tantas actividades y profesiones, también ha desbaratado completamente el campo de la información y el de la vigilancia. En la era de internet, la vigilancia se ha vuelto omnipresente y totalmente inmaterial, imperceptible, indetectable, invisible. Además, ya es, técnicamente, de una excesiva sencillez.

Software espía

Ya no son necesarios toscos trabajos de albañilería para instalar cables y micros, como en la célebre película La conversación 6, en la que un grupo de «fontaneros» presenta, en un salón dedicado a las técnicas de vigilancia, chivatos más o menos chapuceros, equipados con cajas rebosantes de hilos eléctricos, que había que disimular en las paredes o bajo los techos… Varios estrepitosos escándalos de la época —el caso Watergate 7, en Estados Unidos; el de los «fontaneros del Canard 8», en Francia—, fueron fracasos humillantes de los servicios de información, que mostraron los límites de estos viejos métodos mecánicos, fácilmente detectables y perceptibles.

En la actualidad, poner a alguien bajo escucha es asombrosamente fácil, y está al alcance de cualquiera. Quien quiera espiar su entorno encuentra una larga lista de opciones 9 de libre acceso en el comercio. En primer lugar, manuales de instrucción muy didácticos «para aprender a seguir la pista y espiar a la gente 10». Y al menos media docena de software espías (mSpy, GSmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que «leen» sin problemas el contenido de los teléfonos móviles 11: sms, correos electrónicos, cuentas en Facebook, WhatsApp, Twitter, etc.

Con el impulso del consumo «en línea» se ha desarrollado considerablemente la vigilancia de tipo comercial, que ha generado un gigantesco mercado de datos personales, convertidos en mercancía. Cuando nos conectamos a una web, las cookies 12 guardan en la memoria el conjunto de las búsquedas realizadas, lo que permite establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de 20 milisegundos, el editor de la página que visitamos vende a potenciales anunciadores informaciones que nos afectan, recogidas sobre todo por las cookies. Apenas algunos milisegundos después, aparece en nuestra pantalla la publicidad que supuestamente tiene más impacto en nosotros. Y ya estamos definitivamente fichados 13.

Una alianza sin precedentes

En cierto modo, la vigilancia se ha «privatizado» y «democratizado». Ya no es un asunto reservado únicamente a los servicios gubernamentales de información. Aunque, gracias también a las estrechas complicidades que los Estados han entablado con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones, su capacidad en materia de espionaje de masas ha crecido de forma exponencial. En la entrevista con Julian Assange que publicamos en la segunda parte de este libro, el fundador de WikiLeaks 14 afirma:

Las nuevas empresas, como Google, Apple, Microsoft, Amazon y más recientemente Facebook, han establecido estrechos lazos con el aparato del Estado en Washington, especialmente con los responsables de la política exterior. Esta relación se ha convertido en una evidencia […]. Comparten las mismas ideas políticas y tienen idéntica visión del mundo. En última instancia, los estrechos vínculos y la visión común del mundo de Google y la Administración estadounidense están al servicio de los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos 15.

Esta alianza sin precedentes —Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web— ha creado este Imperio de la vigilancia cuyo objetivo claro y concreto es poner internet bajo escucha, todo internet y a todos los internautas.

En esta situación, es necesario tener en cuenta dos ideas muy concretas:

1- El ciberespacio se ha convertido en una especie de quinto elemento. El filósofo griego Empédocles sostenía que nuestro mundo estaba formado por una combinación de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. Pero el surgimiento de internet, con su misterioso «interespacio» superpuesto al nuestro, formado por miles de millones de intercambios digitales de todo tipo, por su streaming y su clouding, ha engendrado un nuevo universo, en cierto modo cuántico, que viene a completar la realidad de nuestro mundo contemporáneo como si fuera un auténtico quinto elemento.

En este sentido, hay que señalar que cada uno de los cuatro elementos tradicionales constituye, históricamente, un campo de batalla, un lugar de confrontación. Y que los Estados han tenido que desarrollar componentes específicos de las fuerzas armadas para cada uno de estos elementos: el ejército de Tierra, el ejército del Aire, la Armada y, con carácter más singular, los bomberos o «guerreros del fuego». De manera natural, desde el desarrollo de la aviación militar en 1914-1918, todas las grandes potencias han añadido hoy, a los tres ejércitos tradicionales y a los combatientes del fuego, un ejército cuyo ecosistema es el quinto elemento: el ciberejército, encargado de la ciberdefensa, que tiene sus propias estructuras orgánicas, su Estado mayor, sus cibersoldados y sus propias armas: superordenadores preparados para librar la ciberguerra digital 16 en el ámbito de internet.

2- Internet se ha centralizado. Al principio, se percibió la Red como una explosión de posibilidades de expresión individuales, que permitía escapar de la dependencia de los monopolios estatales (correos, telégrafo, teléfono), de los gigantes de las telecomunicaciones y de los grandes medios de comunicación dominantes (prensa, radio, televisión). Era sinónimo de libertad, de evasión, de creatividad. Veinticinco años después, la Red está a punto de sufrir una violenta centralización en torno a ciertas colosales empresas privadas: las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft), todas estadounidenses, que, a escala planetaria, acaparan las diferentes facetas de la Red, y de las que son extraordinariamente dependientes los aproximadamente 3 500 millones de internautas, quienes, a su vez, las alimentan con todos sus datos personales. Y de este modo, las enriquecen descomunalmente.

Para las generaciones de menos de 40 años, la Red es sencillamente el ecosistema en el que han madurado su pensamiento, su curiosidad, sus gustos y su personalidad 17. Para ellos, internet no es solo una herramienta autónoma que se utiliza para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual, en la que se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, al mismo tiempo, un ágora sin límites, un foro donde la gente se encuentra, dialoga, intercambia y adquiere cultura, conocimientos y valores, generalmente compartiéndolos.

Para estas nuevas generaciones, internet representa lo que para sus antepasados fueron simultáneamente la Escuela y la Biblioteca, el Arte y la Enciclopedia, la Ciudad y el Templo, el Mercado y la Cooperativa, el Estadio y el Escenario, el Viaje y los Juegos, el Circo y el Burdel… Es tan fabuloso que «por el placer de evolucionar en un universo tecnológico, el individuo no se preocupe de saber, y aun menos de comprender, que las máquinas gestionan su vida cotidiana. Que cada uno de sus actos y gestos es registrado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarle de sus ataduras físicas, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y control más formidable que el hombre haya puesto a punto jamás 18».

Y esto no ha acabado. Ya que, insaciables, los gigantes de la Red quieren ahora extender su dominio al conjunto de la humanidad, con el pretexto de la emancipación y la liberación. Paul Virilio, al evocar las catástrofes industriales, que son por definición contemporáneas a la era industrial, nos ha enseñado que, por ejemplo, la invención del ferrocarril conllevó simultáneamente la invención de los accidentes de tren. Con la web pasa algo parecido. La catástrofe industrial de internet es la vigilancia masiva, de la que solo escapan —consuelo de pobres— los que no tienen internet; es decir, alrededor de la mitad de los habitantes del planeta.

Pero los gigantes de la Red —Google, Facebook y, concretamente, Microsoft— quieren acabar con esta injusticia: «Si conectamos a internet a los 4 000 millones de personas que no tienen acceso a la Red, tenemos la oportunidad histórica de educar al conjunto del mundo en las próximas décadas», ha declarado, por ejemplo, el dueño de Facebook, Mark Zuckerberg 19.

El 26 de septiembre de 2015, Zuckerberg, Bill Gates, fundador de Microsoft, Jimmy Wales, fundador de Wikipedia y otros 20 insistieron ante la ONU, inscribiendo su posición en el marco de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por las Naciones Unidas para erradicar la pobreza extrema hasta el año 2030 21: «internet pertenece a todo el mundo, por lo tanto, debe ser accesible a todo el mundo 22». Aunque Facebook no había esperado para lanzar, en agosto de 2013, Internet.org, una aplicación para smartphones que permite a las poblaciones de los países pobres acceder gratuitamente a la red Facebook y a una selección de unos cuarenta sitios web, Wikipedia entre ellos 23.

Por su parte, Alphabet (Google) ha puesto a punto su propio proyecto de ampliar al mundo entero el acceso a internet. Para proporcionar gratuitamente a los «condenados de la Tierra» los beneficios de su motor de búsqueda, esta empresa global cuenta sobre todo con apoyarse en su programa Loon: globos de helio instalados en la estratosfera.

Sin dudar en absoluto de la intención de estos gigantes de la Red de mejorar el destino de la humanidad, podemos preguntarnos si no les motivan también consideraciones más comerciales, puesto que la principal riqueza de estas empresas ineludibles —casi en situación de monopolio planetario— es el número de conectados. Facebook o Google, por ejemplo, no venden nada a los internautas; venden sus miles de millones de usuarios a los anunciantes publicitarios. Es lógico, por lo tanto, que, a partir de ahora, quieran venderles todos los habitantes de la Tierra. Simultáneamente, cuando el mundo entero esté conectado, podrán transmitir a la NSA, en una doble operación, todos los datos personales de todos los habitantes de la Tierra… ¡Bienvenidos al Imperio de la vigilancia!

 

 

 

(*)Periodista, catedrático y escritor español radicado en Francia. El texto que compartimos con nuestros lectores es la Introducción de El imperio de la vigilancia, volumen de Ramonet, presentado en la 26ta. Feria Internacional del Libro de La Habana, bajo el sello de la Editorial José Martí, que fuera publicada en la web cubaperiodistas.cu

 

1 Julian Assange afirma que las democracias se enfrentan, de hecho, a los «cuatro jinetes del Infocalipsis»: el terrorismo, la pornografía infantil, el blanqueo de dinero y las guerras contras la droga y el narcotráfico. Cada una de estas plagas, a las que evidentemente hay que combatir, sirve también de pretexto para reforzar permanentemente los sistemas de vigilancia global sobre las poblaciones. Cf. Julian Assange y Jacob Apppelbaum, Andy Müller-Maughn y Jérémie Zimmerman, Ménace sur nos libertés. Comment Internet nus espionne. Comment résister.

2 Se trata esencialmente de informaciones que permiten identificarnos, ya sea directa o indirectamente. A saber: nombre y apellidos, foto, fecha y lugar de nacimiento, estado civil, dirección postal, número de la seguridad social, número de teléfono, número de tarjeta bancaria, placa de la matrícula del vehículo, correo electrónico, cuentas de redes sociales, dirección IP del ordenador, grupo sanguíneo, huellas digitales, huella genética, elementos de identificación biométrica, etc.

3 Katrina van den Heuvel y Stephen F. Cohen, Entrevista con Edward Snowden, Nueva York, The Nation, 28 de octubre de 2014. Le Monde diplomatique en español, octubre de 2015.

4 Como se puede ver claramente en la película, de Stéphane Brizé, La Loi du marché, 2015.

5 Cf. La voiture, cette espionne, Le Monde, 2 de octubre de 2015.

6 Francis Ford Coppola, 1973.

7 El caso Watergate fue un asunto de espionaje político con múltiples ramificaciones, que empezó con la detención, en 1972, de falsos ladrones que habían colocado micros en el interior del edifico Watergate, en Washington, en las oficinas del Partido Demócrata, y desembocó en la dimisión del presidente Nixon, a la sazón presidente de Estados Unidos, en 1974.

8 Escándalo político bajo la presidencia de Georges Pompidou: en diciembre de 1973, en París, se descubrió en los locales del semanario satírico Le Canard enchaîné un sistema de escuchas que habían colocado una decena de agentes de la Dirección de la Vigilancia del Territorio (DST: siglas en francés), disfrazados de fontaneros.

9 Aunque, en Francia, el artículo 226-1 del Código Penal impone una pena «de un año de prisión y 45 000 euros de multa por atentar voluntariamente, mediante cualquier procedimiento, contra la intimidad de la vida privada de otro: captando, grabando o transmitiendo, sin el consentimiento de su autor, palabras pronunciadas a título privado o confidencial; fijando, grabando o transmitiendo, sin su consentimiento, la imagen de una persona mientras se encuentra en un lugar privado».

10 Léase, por ejemplo, Charles Cohle, Je sais qui vous êtes. Le manuel d’espionnage sur Internet, Nantes, Institut Pandore, 2014.

11 Incluso existen «comparadores de software de vigilancia» que la publicidad presenta de esta manera: «Un comparador claro y completo de los programas chivato para el móvil, que le permitirá elegir y poder tomar una decisión acertada y económica antes de comprar su aplicación de localización». Cf. http://www.smartsupervisors.com/

12 La cookie equivale a un pequeño archivo de texto almacenado en el terminal del internauta. Permite a los programadores de sitios de internet conservar los datos del usuario con el fin de facilitar su navegación. Las cookies siempre han sido cuestionadas, ya que contienen información personal residual que potencialmente pueden ser utilizada por terceros. (Fuente: Wikipedia).

13 http://digital-society-forum.orange.com/fr/

14 Sobre WikiLeaks, léase La explosión del periodismo, Ignacio Ramonet, Clave Intelectual (Madrid) y Capital Intelectual (Buenos Aires), 2011., pp. 93-123.

15 Cf. Infra, p. 138.

16 Cf. Entrevista exclusiva: vicealmirante Arnaud Coustillière, oficial general ciberdefensa del estado mayor de los ejércitos, Cyber Risques News, 7 de abril de 2015.

http://www.cyberisques.com/fr/motscles-11/433-entretien-exclusif-vice-admiral-arnaud-coustulliere-officier-general-cyberdefenseal-etat-major-des-armees

17 Es interesante destacar que, si el 60% de los franceses percibe la existencia de ficheros de vigilancia como un «atentado a la vida privada», el tramo de edad de los 18 a los 24 años, es decir, el de los principales usuarios de internet, es el que se muestra más preocupado en este sentido: el 78% de ellos denuncia que «su vida privada está insuficientemente protegida en internet». Estudio realizado a instancias de la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL), París, 2008.

18 Jean Guisnel, en el prólogo a la edición francesa del libro de Reg Whitaker, Tous fliqués! La vie privée sous surveillance, Denoël, 2001, París, 2001.

19 To Unite the Earth, Connect It, The New York Times, 26 de septiembre de 2015.

20 El propietario de Virgin, Richard Branson, la fundadora del Huffington Post, Ariana Huffington, el cantante Bono, la actriz Charlize Theron, la cantante Shakira, el actor George Takei, etcétera.

21 http://www.globalgoals.org

22 AFP, 27 de septiembre de 2015.

23 Aunque sobre el papel es elogiable, el proyecto se enfrenta a fuertes críticas, especialmente en la India. Estos son los reproches: con internet.org, Facebook perjudicaría la neutralidad de la Red al decidir por sí mismo los sitios web a los que se pueden conectar los internautas. Además, crearía una Red a dos velocidades, la de los ricos, capaces de acceder a toda ella, y la de los pobres, conectados únicamente a algunos servicios. Léase, por ejemplo, Le Monde, París, 29 de diciembre 2015.

 

Tomado de: http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/informatica/2017-02-22/el-nuevo-universo-y-la-intimidad-cero/

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  1. Roilán Rodríguez Barbán dice:

    LA MANIPULACIÓN DE LAS MENTES.
    Roilán Rodríguez Barbán

    Esencialmente dos cosas han emergido en materia de manipulación de las masas en el presente siglo, en comparación con dos décadas atrás: la aparición de Internet, y la nueva ofensiva cultural imperialista.
    Según el historiador Francois Caron, profesor emérito de la Sorbona “Internet es la tercera revolución industrial”. “Una revolución industrial no sólo se mide por el desarrollo de una tecnología más, se trata de un cambio rotundo en nuestra manera de producir y de consumir; podemos decir que el mundo ya ha conocido dos. La primera revolución, que alcanzó hasta 1840, nació en Inglaterra con la invención de la máquina de vapor por James Watt en 1776 (…) La segunda se inició en los Estados Unidos con la apertura de la primera central eléctrica en 1882 por Thomas Edison (…) La tercera es la de la electrónica, que fue avanzando progresivamente antes de invadir todo el sistema técnico y llegar hasta la informática, la robótica y las redes como las de Internet”.
    Aunque ninguna técnica por eficaz y sofisticada que sea es neutral. Nadie puede negar que la técnica siempre venga dotada de un programa de cambio social, y que las revoluciones técnicas en el mundo de la comunicación, como las que impone Internet, aún están cargadas de ideología.
    En la era de la visualidad Internet tiende a consolidarse cada vez más como un elemento integrado en el sistema de los medios. Y se convierte incluso en una amenaza para los medios tradicionales, en la medida que constituye una plataforma que integra cada vez más la televisión, el cine, la edición, la música, los videojuegos, la información, los datos bursátiles, el deporte, la banca personalizada, la venta anticipada de localidades para espectáculos o pasajes de avión, la mensajería electrónica, la información meteorológica, la documentación, entre otros variados componentes.
    El capitalismo ha logrado convertir Internet en forma de una galería comercial, de un inmenso supermercado planetario, transformando a los medios de comunicación en máquinas de vender productos y servicios.
    La distracción, que llega a través de la televisión, puede convertirse en alienación, cretinización, y embrutecimiento; y pudiera conducir al descerebramiento colectivo, a la domesticación de las almas, al condicionamiento de las masas y a la manipulación de las mentes.
    El temor principal, como insiste Ramonet, es que, con Internet, las tres funciones principales de estos nuevos medios cibernéticos, aún no dominantes, se conviertan en: vigilar, anunciar y vender.
    Vigilar, porque cada manipulación sobre la Red deja un rastro que, poco a poco, el internauta dibuja él mismo su autorretrato en términos de centros de interés (culturales, ideológicos, lúdicos, consumistas…) y una vez establecido este retrato ya no habrá ningún secreto para los amos de Internet, que sabrán lo que gusta de leer, escuchar, mirar, beber, comer, consumir, frecuentar, por ejemplo. Y podrían manipularlo a su antojo.
    Anunciar, porque la economía de Internet es esencialmente de naturaleza publicitaria. La cultura de gratuidad de la Red sólo es posible porque los anunciantes asumen los costos del funcionamiento del sistema, y este repercute sobre las compras efectuadas por los internautas.
    Vender, porque este es ya el objetivo principal del medio Internet. Lo era ya el de los medios masivos tradicionales cuando hacían publicidad (en los periódicos, la radio o la televisión). Pero la diferencia principal es que con los otros medios no se podía comprar directamente.
    Los medios ya no se dirigen a nosotros para transmitirnos informaciones objetivas sino para conquistar nuestras mentes, nuestros espíritus; como decía Goebbels: “No hablamos para expresar algo sino para obtener un determinado efecto”.
    En esta empresa colonizadora los conquistados y conquistadores saben que la relación de dominación no sólo reside en la supremacía de la fuerza. Pasado el tiempo de conquista, viene el momento del control de las mentes, del pensamiento; y esto se domina mucho mejor si el dominado se mantiene inconsciente de ello. De ahí la importancia de la propaganda secreta, ya que a largo plazo para cualquier imperio que desee perdurar el gran desafío radica en ablandar las almas, hacerlas dóciles y luego esclavizarlas.
    El objetivo de toda propaganda es maximizar el poder subordinando furtivamente a los grupos y a los individuos. Para el politólogo norteamericano Laswell, “la propaganda es la expresión de opiniones o de acciones manifestadas deliberadamente por individuos o grupos en aras de influenciar sobre la opinión o acción de otros individuos o grupos, teniendo como referencia propósitos predeterminados y mediante manipulaciones psicológicas”.
    En las sociedades contemporáneas estas manipulaciones psicológicas se dirigen al mismo tiempo al individuo y a la masa; por consiguiente son obligatoriamente sofisticadas y altamente científicas. Jacques Ellul señala: “Es a partir del conocimiento del ser humano, de sus tendencias, de sus deseos, de sus necesidades, de sus mecanismos físicos, de sus automatismos y tanto de la psicología social como de la psicología de profundidades, que el propagandista organiza poco a poco sus técnicas. Es a partir del conocimiento de grupos, de sus leyes de formación y de deformación, de las influencias de masa y de los límites del medio que el propagandista modela sus mecanismos de acción”.
    En 1989- 1991 Estados Unidos ganó la guerra cultural frente a la Unión Soviética y los países socialistas de Europa del Este. Como se sabe, en estas naciones, entre otros errores, se descuidó la labor política e ideológica; es decir, argumentar, convencer y ganar a las masas, dando por hecho que el desarrollo socioeconómico y el aumento del nivel de vida eran argumentos suficientes para convencer de la justeza de la política aplicada.
    A partir de ese momento, desde el punto de vista geopolítico, los Estados Unidos se encontraron en una posición de hegemonía y con una exagerada fuerza militar. No sólo se propusieron constituir la primera potencia nuclear y espacial, sino también marítima, situando flotas bélicas en cada océano y en los principales mares del planeta; con bases militares, de suministro y abastecimiento y de escucha en todos los continentes.
    El Pentágono gasta por concepto de investigaciones militares miles de millones de dólares. Sus servicios secretos buscan identificarlo todo, seguirlo todo y oírlo todo desde cualquier medio, ya sea por aire, tierra o agua. Sus espías están en activo por doquier y en todo momento, tanto en territorios aliados como en aquellos que son considerados enemigos. Roban no sólo secretos diplomáticos y militares, sino también secretos industriales, tecnológicos y científicos.
    Pero el poderío de un imperio en el contexto contemporáneo no sólo se mide por las acciones militares y diplomáticas, Estados Unido también se aseguró una posición científica dominante. Cada año roba indiscriminadamente miles de cerebros (estudiantes, profesores, investigadores, graduados universitarios) de todos los rincones del mundo hacia sus universidades, sus laboratorios o sus empresas.
    En múltiples campos Estados Unidos se las ha ingeniado para obtener el control del vocabulario, de los conceptos y del sentido; obliga a enunciar los problemas que crea con las palabras que dicta; proporciona los códigos que permiten descifrar los enigmas que el mismo imperio impone, y dispone para ello de gran cantidad de instituciones de investigación y de los llamados tanques pensantes con los que colaboran miles de analistas y expertos. Estos producen información sobre cuestiones jurídicas, sociales y económicas desde una perspectiva favorable a las tesis neoliberales, a la globalización y a los medios de negocios. Sus trabajos, generosamente financiados, se difunden y divulgan a escala mundial.
    Apoyándose en el poder de la información, del saber y de las tecnologías, los Estados Unidos realizan su labor de zapa; de esta forma establecen con la complicidad pasiva de los dominados, lo que al decir del propio Ramonet, se podría llamar una “opresión afable” o un “delicioso despotismo”; sobre todo cuando ese dulce poder va acompañado del control de las industrias culturales y de la dominación de nuestro imaginario.
    El imperio norteamericano pretende la conquista de nuestro ideal al estimular la difusión internacional de sus telepelículas, seriados, dibujos animados, vídeo- clips, juegos televisivos, retransmisiones deportivas, publicidad, etcétera; sin hablar de su patrones en vestuarios o culinarios.
    Para la política imperial hoy es más rentable invertir grandes capitales en función de hipnotizar conciencias antes que desatar guerras de rapiña, aunque esta última no esté totalmente descartada.
    A mediados de la década de los noventa se publica en los Estados Unidos una gran cantidad de estudios relacionados con la utilización de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, específicamente Internet, como instrumentos de dominación. Fue una época en que se gestaban cambios, que aún no han concluido, para el paso del “mundo analógico al mundo digital” , de la computadora personal a la Red, de lo manual a lo automático.
    La informatización de las sociedades ha logrado tal grado de penetración, que en ocasiones solo se percibe cuando faltan. La universalidad de estas tecnologías y su alto poder para seducir han despertado la atención de los centros hegemónicos, en dirección a propagar los valores de un sistema que promueve el individualismo y el consumismo, tomando como blanco principal a los jóvenes.

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  2. Roilán Rodríguez Barbán dice:

    INTERNET ES TAMBIÉN UN INSTRUMENTO REVOLUCIONARIO.
    Roilán Rodríguez Barbán

    Como ha señalado el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz: “Internet es un instrumento revolucionario que permite recibir y transmitir ideas, en las dos direcciones, algo que debemos saber usar”.
    La juventud es quien primero se apropia de las nuevas tecnologías, un motor decisivo en el desarrollo de la sociedad y, a su vez, la gran consumidora de todo tipo de productos . Las computadoras, Internet y los dispositivos móviles están totalmente integrados a su experiencia vital; por tales motivos se prioriza a ese sector el envío de mensajes a través de esas vías.
    Según diferentes estudios alrededor de los medios de comunicación se revela que los jóvenes actuales no leen los periódicos o revistas, ni prácticamente ven televisión, sin embargo, están conectados permanentemente. En la llamada Sociedad de la Información, las industrias culturales se apropian de esas tecnologías con el objetivo de colonizar la mente de los ciudadanos como forma de menguar su capacidad de pensamiento crítico, alisando el camino para facilitar la penetración de la ideología imperialista.
    En el año 1997, una institución relacionada con el Departamento de Defensa estadounidense planteaba: “El futuro de las guerras será el conflicto entre los maestros de la información y sus víctimas… Ya somos los maestros de la guerra de la información… Hollywood prepara el campo de batalla… La información destruye las tareas tradicionales y las culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero sigue siendo invulnerable… Nuestra sofisticación en su manejo nos permitirá sobrevivir y funcionar mejor que todas las culturas jerárquicas… Las sociedades que temen o que no pueden administrar el flujo de información simplemente no serán competitivas. Podrán dominar los medios tecnológicos para ver los vídeos, pero nosotros escribiremos los guiones, los produciremos y cobraremos los royalties. Nuestra creatividad es devastadora”.
    Las directrices principales fueron trazadas a fines del siglo pasado por la clase dominante norteamericana, lo cual han tratado de cumplirlo al pie de la letra. Sin embargo, en el pensamiento revolucionario cubano se halla el antídoto a esta avalancha de dominación imperial.
    Cuatro años antes de publicarse ese informe, el 7 de noviembre de 1993, cuando Cuba se encontraba en el más crítico momento del Período Especial, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresaba: “En un mundo donde la comunicación es cada vez mayor…, no vivimos ni podemos vivir como aquellos indio siboneyes y taínos que habitaban nuestra tierra hace 500 años…, vivimos en el mundo de las comunicaciones, de la radio, de la televisión, de los libros, de los teléfonos a larga distancia, y esa tendencia hacia la comunicación entre todos los países será cada vez mayor, y en ese mundo tenemos que aprender a vivir cada vez más adaptados y cada vez mejor preparados”.
    Internet, aunque también invadida por las grandes empresas, ha brindado a los movimientos sociales la posibilidad de colocar con inmediatez y a muy bajo costo la información que oculta la inundación mediática. Pero es necesario tejer en la práctica las redes que han surgido en Internet. El intercambio de publicaciones, la circulación de libros, la coordinación entre las pequeñas editoriales, entre las radios y televisoras comunitarias, resultan acciones urgentes e imprescindibles. Unir lo pequeño desde donde se resiste la hegemonía y levantar lo grande, allí donde avanza la hegemonía revolucionaria.
    Cada vez más, la blogosfera está dando voz a lo que los grandes medios de comunicación han silenciado durante mucho tiempo. Donde eso ha logrado articularse con la rebelión organizada de las mayorías ha supuesto un desafío creciente para quienes quieren imponer, bajo la guerra, un orden económico y social cada vez más injusto.
    Divulgar verdades adquiere su definición más completa cuando estas se convierten en actuación para modificar una realidad donde el capital proyecta tallar los modos de actuación de los seres humanos. Algo que no importa en absoluto a los grandes medios de comunicación.
    La talentosa periodista cubana Rosa Miriam Elizalde ha señalado que Washington obstaculiza el acceso de la inmensa mayoría de los cubanos a la red, pero ha diseñado una “Internet a la carta” para los que actúan servilmente en la isla. Sin embargo, no son pocos quienes, desde muy diversos puntos de vista, pero sin beneficiarse de los más de 20 millones de dólares que cada año el gobierno de los Estados Unidos envía como “ayuda” a sus alabarderos en Cuba, han ido colocando en la red sus visiones de lo que pasa en su país y en el mundo.
    Lo hacen usando conexiones lentas, a partir de las desventajas que se le han impuesto a Cuba para su desarrollo y las desiguales condiciones en que, a pesar de ello, ha logrado preparar a su población. Consecuentemente, la Unión Internacional de Telecomunicaciones ubica a nuestro país en el cuarto lugar mundial en las habilidades para el uso de las Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones. Es un dato que habla por sí mismo de la efectividad con que se han logrado utilizar los pocos recursos disponibles en función del desarrollo humano.
    Como ha argumentado el destacado cantautor cubano Silvio Rodríguez: “…Las redes sociales y el Internet, como todo lo que fabrica el hombre, se puede convertir en un arma y también en un escudo, incluso en un fin en sí mismo. Todo depende de quién lo use y para qué. Pero más allá de la ideologización, lo cierto es que Internet, como la televisión o las ondas de radio, nos enlazan con el mundo distante. No se borran fronteras, pero se transgreden. El Internet es la más reciente prueba de lo rápido que puede viajar cualquier idea, lo mismo sea verdad que mentira. Es otro espacio humano más, donde lo único objetivo es la tecnología”.
    La utilización de las Nuevas Tecnologías por parte de los jóvenes cubanos puede ser portadora de métodos revolucionarios de participación social y convertirse en un poderoso escudo en defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo. Los blogueros dignos deberán sentar las bases que aseguren la inserción de los cubanos en las redes sociales, algo que acontecerá ineludiblemente. En la búsqueda de la actualización de nuestro modelo económico, difícilmente podrá hacerse al margen de las nuevas tecnologías.
    Internet ha modificado muchas cosas, pero hay algo que ella no ha hecho sino potenciar: una publicación es un instrumento para cambiar el mundo, algo que desde Carlos Marx a Fidel Castro no ha dejado de obsesionar a los revolucionarios. No por gusto el Comandante ha llegado a expresar que “Internet parece inventada para nosotros”.

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