FIDEL CASTRO, HOMBRE DEL SIGLO XXI Y MÁS ALLÁ por Iroel Sánchez

En el mundo entero es noticia. “Falleció un gran personaje del siglo XX”, una “figura principal de la Guerra Fría”, se puede leer en buena parte de los medios de comunicación que adversaron y adversan al fundador y guía de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Ya que no se puede ignorar la dimensión histórica del hombre, “atémoslo al pasado”, parecen decir, como si fuera posible afirmar, sin faltar a la verdad, que Marx o Martí son hombres del siglo XIX y su trascendencia se limita a los marcos del capitalismo industrial, en el caso de Marx, o a las luchas contra el colonialismo español, el de Martí.

Lo cierto es que los temas a los que Fidel dedicó buena parte de sus energías son centrales de esta centuria y lo serán por mucho tiempo. Sus obsesiones con el acceso universal a la salud y la educación, las luchas de los países del Sur frente al despojo de las transnacionales, los efectos del cambio climático, entre otros, deben convertirse en obsesiones de los políticos de todo el mundo para que la especie humana pueda sobrevivir.

En ese contexto, Cuba también enfrenta grandes desafíos. El 17 de noviembre de 2005 el Comandante en Jefe de la Revolución cubana pronunció un estremecedor discurso en la Universidad de La Habana cuyo tema central es el peligro de reversibilidad del socialismo y su relación con la ética y la desigualdad. Lideraba por esos años lo que llamó batalla de ideas que, independientemente de las deformaciones de algunas personas que tuvieron que ver con su implementación, constituyó una ofensiva para frenar desigualdades y reforzar el socialismo en Cuba tras los efectos del fin de las ventajosas relaciones comerciales con la URSS y el subsecuente recrudecimiento oportunista del bloqueo norteamericano. Sus acciones establecieron lazos de personas viviendo en condiciones difíciles de pobreza y marginalidad con el proyecto de la Revolución, con el socialismo. Fidel puso a miles de estudiantes universitarios a trabajar en función de los más desfavorecidos y a entrar en contacto con esas realidades para transformarlas. Una gran movilización detrás de la cual existe un concepto de la participación, que es el concepto de participación de la Revolución y del que Fidel es uno de sus grandes autores. Uno o dos días después de esa histórica intervención en la Universidad, en el programa Mesa Redonda en la televisión volvió sobre la desigualdad y planteó un problema esencial – “en este país el que menos trabaja es el que mejor vive”- que debe ser resuelto para hacer irreversible el socialismo en Cuba al que los “Lineamientos” aprobados y actualizados en los dos últimos Congresos del Partido Comunista cubano buscan dar solución pero que aun está pendiente en condiciones que desde entonces se han complejizado. Sin embargo, se mantiene la gobernabilidad junto al consenso alrededor de que la sociedad cubana necesita cambiar, pero preservando el socialismo como garantía de independencia nacional y justicia social.

La idea de que saliendo Fidel del gobierno se desataría el fin de la Revolución ha caído por su propio peso y las transformaciones en marcha en Cuba se proponen hacer sostenible y próspero el proyecto social de la Revolución cuando no esté la generación que asumió el poder en enero de 1959.

Pero… ¿por qué ostenta el récord de ser el líder contra el que más complots de asesinato se fraguaron? ¿Cómo es posible que a pesar ser demonizado por la maquinaria mediática más potente que haya existido fue acogido fervorosamente donde quiera que viajó mientras los que financiaron las campañas en su contra debieron ser protegidos de las multitudes hasta por portaviones y escuadrones de aviación? ¿Cuánto debe ello a su carisma indiscutible y cuánto a la fuerza de quien comunica con la ética del que hace lo que dice y dice lo que hace, convirtiendo en realidad su idea de que “el socialismo es la ciencia del ejemplo”?

Había que matarlo porque Fidel hizo posible que un país pobre y pequeño se sacudiera de la dominación norteamericana en las propias fronteras del imperio, algo que gracias a él se ha vuelto carne y sangre en la mayoría de los cubanos y perdura después de la muerte de su líder.

No pudieron matarlo ni la Revolución cayó con su salida del gobierno. Ha fallecido Fidel, después de diez años en que no gobernaba en Cuba. Está por ver qué camino sigue el nuevo mandatario estadounidense en la política haciala Isla, si como prometió -y traslucen sus ignorantes e irrespetuosas palabras a raíz del fallecimiento de Fidel- retoma la estrategia confrontacional de George W. Bush y sus predecesores, o da continuidad al acercamiento con propósitos también injerencistas iniciado por Barack Obama. Ocurra una cosa o la otra, Fidel entra invicto frente al imperialismo en el panteón de la historia.

Fidel no es un superhombre sino un humano con los límites que impone una sola vida, precisamente por ello es tan grande su hazaña. Pero además de Cuba como nación, también la humanidad, si quiere sobrevivir, debe aprender de su ejemplo de justicia, solidaridad y soberanía.

(Al Mayadeen)

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