MILA KUNIS Y EL VIEJO SISTEMA DE ESTRELLAS por Rolando Pérez Betancourt

Una sátira exhibida hace unas semanas en el cine, ¡Ave César! (hermanos Coen, 2016), pasa revista a los denominados años dorados de Ho­llywood, década del 50 marcada por las superproducciones en tecnicolor, la idealización desmedida de las historias y los estudios metiendo las narices en la intimidad de sus estrellas, el denominado star system nacido en Estados Uni­dos luego de finalizada la Primera Guerra Mun­dial y de convertirse ese país en el máximo productor de películas en el mundo.

Los grandes capitales estiraban músculos y para evitar riesgos financieros fue creado el sistema de estrellas, interesado en fabricar actores mitad vida real, mitad dioses. La sonrisa, los atuendos, la imagen pública de los pies a la cabeza era definida por los estudios. Se les vigilaba a las estrellas (o aspirantes a ellas), se les prohibía esto y aquello y no faltaron bofetadas, como lo muestra ¡Ave César! ¿Papeles a interpretar? Los que se les impusieran, sin chistar y, por supuesto, nada de trabajar para casas productoras ajenas.

Lo importante era popularizarlos y hacer que el ciudadano común corriera al cine a ver una «de Gloria Swanson» o «una de Rodolfo Valentino». Fue así que los nombres de los actores comenzaron a aparecer de manera destacada en los créditos, cuando en los inicios del cine ni siquiera se dejaba constancia de ellos.

Las actrices siempre fueron las más sacudidas en el aquel star system, que de manera oficial duró hasta poco antes de los finales de los años 50, pero que todavía hoy respira entre cortinas y a ratos asoma la oreja más peluda de la vieja herencia.

Una de ellas, el machismo imperante en Ho­llywood, del cual acaba de dar cuenta en una carta pública la excelente actriz Mila Kunis «por haberlo sufrido a lo largo de mi carrera».

Admirada en Cisne negro, Ted, y otros filmes más, aplaudida desde los 14 años en el papel de una joven de 18, la Kunis expresa en su misiva que ha vivido momentos en los que fue «insultada, marginada, pagada de menos, creativamente ignorada y subestimada» solo por el hecho de ser mujer.

Y denuncia cómo, hace un tiempo, un productor la amenazó con que no «volvería a trabajar» en Hollywood si no posaba «semidesnuda» en la portada de una revista para hombres, solo con el pretexto de que el filme necesitaba promoción.

«Ya no estaba dispuesta —escribe ella— a someterme a un compromiso ingenuo que antes seguramente hubiera aceptado ¿No volveré a trabajar en esta ciudad otra vez? Estaba pálida, me sentí como un objeto y por primera vez en mi carrera dije no. ¿Pero adivinen qué? El mundo no se terminó, la película hizo mucho dinero y seguí trabajando en esta ciudad una y otra y otra vez. Lo que este productor no notó es que lo que dijo era exactamente lo que muchas mujeres temen cuando deciden enfrentarse a prejuicios de género en sus centros de trabajo.

«Nos condicionan a creer que, si hablamos, nuestros medios de subsistencia se verán amenazados, que mantenernos firmes nos llevará a la muerte. No queremos que nos den una patada por ser unas “perras”. Entonces, comprometemos nuestra dignidad por mantener el statu quo y nos sentamos a esperar que un cambio llegue pronto».

Y revela que «el cambio no viene lo suficientemente rápido como para ayudar a mis amigas, mis compañeras o incluso a nuestras hijas. De hecho, un estudio reciente de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias muestra que la brecha salarial se está cerrando a un ritmo tan lento que recién en 136 años las mujeres serán pagadas igual que los hombres. ¡136 años! Y la brecha salarial no es más que una cuantificación clara de la subvaloración aguda de las contribuciones de las mujeres en el lugar de trabajo».

Cuenta la actriz cómo en su país «los hombres dominan las figuras que estudiamos en la historia, las luminarias de la matemática, la ciencia y la tecnología de las que aprendemos, los autores del discurso político que se nos enseña a reverenciar. Estamos inundados con historias de superioridad masculina que nos ciegan a la arquitectura de nuestras propias relaciones».

Y refiriéndose a otros tipos de presiones, actitudes y comentarios machistas que disminuyen su condición de mujer escribe que: «si cosas como estas me pasan a mí, le pasan de manera aún más agresiva a mujeres en diferentes partes del mundo. Yo tengo la suerte de haber llegado a un lugar en el que puedo dejar de ceder y mantenerme firme sin sentir el temor de: «¿Y ahora cómo llevaré comida a mi casa?». También tengo la suerte de tener la plataforma para hablar de esta experiencia con la esperanza de ser una voz más en el debate para que las mujeres trabajadoras se sientan un poco menos solas y más capaces de empujar por sí mismas».

Salta Mila Kunis a poco de cumplirse 100 años de iniciarse el star sytem, y a más de 60 de haber desaparecido «oficialmente».

 

Fuente: http://www.granma.cu/cultura/2016-11-10/mila-kunis-y-el-viejo-sistema-de-estrellas-10-11-2016-23-11-37

 

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