SOSPECHAS REALES por Frances Stonor Saunders

Intervención de la autora del libro La CIA y la guerra fría cultural en la Mesa Redonda con motivo de la XII Feria Internacional del Libro de La Habana (30 de enero al 9 de febrero de 2003).
Fueron notablemente sinceros al hablar conmigo sobre las actuaciones que consideraban más honrosas: aquellas realizadas en la esfera cultural.  Consideraban que su trabajo como facilitadores de una amplia gama de actividades culturales había sido lo más importante que había hecho la CIA.La investigación de mi libro fue una experiencia muy interesante. Tuve que pasar mucho tiempo con veteranos agentes de la CIA; fue algo que no me agradó hacer, verdaderamente.

Sin duda, si se examina la historia de la CIA todos sabemos que esto es así, que estas actividades son las más oscuras.  Conocemos sus actividades paramilitares, sus vínculos con la mafia, con carteles de la droga, con las dictaduras de derecha, con los asesinatos, con el desastre de la Bahía de Cochinos; pero menos conocida es la historia de su programa de guerra cultural que se erigió en los primeros años de la guerra fría con el fin de erosionar el neutralismo en la batalla por las mentes de los hombres, para detener la extensión de las ideas comunistas y, sobre todo, para promover los objetivos de la política exterior estadounidense, no solo en países hostiles a Estados Unidos, sino también dentro de sus países aliados.  Esto entrañaba crear una campaña secreta que, en efecto, hizo que la CIA fuera algo así como un ministerio de cultura.

Estados Unidos no tiene Ministerio de Cultura, a no ser que se cuente a esa agencia. Tal vez hoy, como desde hace 30 años, sea este el papel que todavía asuma. Lo que la agencia hizo fue organizar una red de frentes que financiaron secretamente a través de fundaciones falsas, y a veces de fundaciones legítimas, pero siempre oculta detrás de ellas. De ese modo pudo obtener vastas cantidades de dinero para publicar revistas de alta calidad, organizar recitales de poesías y otros sucesos literarios.  Tenían lo que ellos llamaban una familia de revistas que se publicaban, sobre todo, a partir del congreso para la libertad cultural, que era su frente principal en París.

Mi libro se concentra en la campaña realizada para persuadir a las personas de Europa de que todo lo que decía el gobierno estadounidense era correcto. Podría escribirse otro libro, y espero que mi libro sirva de incitación para ello, sobre América Latina, sobre Asia, sobre África o sobre la India.

Creo que lo que he hecho es una incitación para una investigación ulterior y para fomentar una mayor polémica en torno a toda la retórica de la sociedad libre y abierta.

Ahora hemos vuelto, en el gobierno de Bush, al lenguaje doctrinario que tuvimos durante la guerra fría.  La posición de Estados Unidos es, una vez más, el papel de redentor de la humanidad, habla de la luz y de la oscuridad, del bien y del mal.

Vemos una terrible recesión en las ideas políticas e intelectuales, puesto que estas consignas doctrinarias reducen la complejidad de los asuntos mundiales a un simple sí o no, nosotros o ellos.

Lo que estamos viviendo hoy, surge de las campañas culturales de la guerra fría; los efectos de esta excesiva cantidad de dinero, de este desprecio de las ideas en el mercado, fue lo que corrompió los procesos intelectuales naturales.

Debido a este apoyo, una revista como Encounter podía sobrevivir mucho más allá de la esperanza natural de vida.

Lo que hacían era que nombraban a un editor y muchas veces a todos los editores.  Esto no significa que los editores supieran que ellos eran empleados de la CIA. Este fue uno de los problemas que con posterioridad, cuando se realizaron revelaciones sobre la propiedad de la CIA sobre estas revistas, hizo que algunos de los editores consideraran que los habían explotado y que los habían engañado.  Wight Mac Donald, el famoso escritor que tenía una posición ambigua durante la guerra fría, porque decía:  “Yo escojo el menor de los males, escojo Occidente”, luego cambió de opinión sobre esta opción. Era editor de la revista Encounter —que se publicaba en Inglaterra y que se distribuía, sobre todo, en la India y que tuvo una repercusión de gran importancia sobre la intelectualidad británica de aquella época—, cuando supo la verdad de la vinculación de la CIA con esta revista, dijo:  “Me engañaron, ustedes creen que yo hubiera tomado dólares de la CIA; si hubiera sabido de dónde venía el dinero, nunca hubiera realizado esa tarea.”

En América Latina las actividades de la CIA se concentraron en reunir al hemisferio contra Cuba, lo que deseaban era convencer al continente de la política de no más Cubas; y de no ser esto posible, lo que deseaban era promover la idea fidelismo sin Fidel, de modo que con este fin lanzaron y distribuyeron varias revistas: Cuadernos y después de CuadernosMundo Nuevo, y si mis sospechas son reales, tienen otra revista que se publica en Madrid que se llama Encuentro.  No sé si la CIA está detrás de esto, puesto que no hay pruebas reales en estos momentos, tengo que esperar unos 30 ó 40 años para ver documentos, para llegar a personas que al fin se decidan a hablar.

De modo que mi consejo sería que si tienen ustedes sospechas, siempre díganles a las personas —siempre lo digo a los estudiantes, a los periodistas que me preguntan—, que deben buscar debajo de la línea final.  No en la línea final, sino debajo de la línea final.  Si no están seguros de quién les está pagando su salario, de quién les está pagando los fondos de distribución de la revista, si no lo ven identificados claramente, retírense.

Recuerdo esta observación que hizo la princesa Diana cuando dijo:  “En este matrimonio somos tres”.  Creo en el matrimonio entre intelectuales y las ideas, y no intelectuales, ideas y el Servicio Secreto estadounidense.

Había una broma en los sesenta que si una publicación u organización de la esfera cultural tenía la palabra “privado” o “libre” o “independiente”, era un frente de la CIA. Estúpidamente acepté un contrato con un editor norteamericano llamado Free Press(Prensa Libre). Aunque sospechaba, le di el libro y  con gran sorpresa vi que no lo iba a publicar, a no ser que yo le realizara algunos cambios.  Lo primero que exigía era que dijera que la CIA estaba del lado de los ángeles; y lo segundo, que dijera que la guerra que llevaban a cabo era por una causa justa.

Después de 170 000 palabras que había escrito, pensé que no habían entendido verdaderamente lo que yo pretendía decir, de modo que no lo hubiera publicado con ellos de todas maneras; pero un editor independiente muy bueno lo publicó, y el libro recibió mucha cobertura en Estados Unidos.  Tuvo una excelente reseña de James Petras, a quien amaré por toda la vida; pero había quien lo odiaba, no quedaba mucho terreno en el medio.

Después de Encuentroparte dos, estará la número tres, la cuatro y la cinco.  Invito a cualquiera de los aquí presentes a escribir un libro como el mío. Ya para mí ha sido demasiado hablar con estos agentes de la CIA que, en nombre de la verdad, me dijeron montones de mentiras.  Mentir por la verdad como metodología intelectual, me dejó agotada y desilusionada; pero creo que todavía hay historias muy importantes que narrar y que deben narrarse ahora, puesto que todavía hay personas vivas y se pueden obtener historias orales muy importantes. Antes de que mueran deben ser entrevistados.

Fuente: La Jiribilla

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