LA OTRA TRAGEDIA DE LOS REFUGIADOS: SU RE-SIGNIFICACIÓN COMO PORTADORES DE LA BARBARIE por Oscar Simmonds Pachón

La crisis de los refugiados en el mundo no se trata, solamente, de un problema más dentro de la caótica realidad en la que vivimos. Los millones y millones de desplazados que año tras año se mueven en el mundo (casi 60 millones en 2015, según ACNUR) parecieran mostrarnos la convergencia de muchas de las perversidades del neoliberalismo y el colonialismo: no tienen Estado, no tienen propiedad ni capital, no tienen derechos, no tienen valía y no tienen humanidad (pues se les ha despojado de ella). Ahora bien, al mirar la gramática política y mediática con que se construye la idea de los refugiados y desplazados, se puede ver una perversa re-significación de su existencia: cada vez más dejan de ser entendidos como víctimas de las estructuras de exclusión y opresión globales y, día a día se les ve más como agentes de caos y de destrucción del mundo civilizado. Lo que dejaría en evidencia que estaríamos ante una re-edición de la perversa clasificación del mundo entre bárbaros y civilizados.

En las últimas décadas ya se pasa de los 10 millones de desterrados en el mundo por año (Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo en cuanto a desplazamiento interno), lo que puede significar que en cuestión de una par de décadas, si la tendencia se mantiene, el desplazamiento y el destierro serían la mayor causa de movilidad global. Situación que ubicaría al desplazamiento forzado como el principal mecanismo que re-configure las composiciones poblacionales en el mundo. Es decir, se haría que la violencia y el despojo de los espacios de vida se convirtiera en el motor de la movilidad social a nivel global.

Por otro lado, a la par de lo crudo y bizarro de la escenificación diaria de la tragedia de los refugiados y desplazados que es expuesto día tras día por los medios de comunicación, -ahogados, mutilados, hambrientos o huérfanos protagonizan titulares todos los días- hay un proceso que, además de dejar en evidencia la arrogancia del primer mundo, muestra que los desplazados se han venido convirtiendo en la “suma de todos los miedos”. Dicho proceso es que, cada vez más, se construye un significado negativo de su existencia, es decir, a los desplazados y refugiados se les puede culpar de todo. De que están filtrados por terroristas, de que son delincuentes, de que son sucios, que son enfermos o que  vienen a robarse el trabajo, a violar y a destruir.info-xv-49-pateras

Al significarlos de esta manera, se entiende que su existencia no puede ser incluida dentro de los márgenes del Estado Nación o del cuerpo social, pues su grado de anormalidad sería tan alto que, para muchos -dentro de los cuales los partidos nacionalistas ocupan un gran espectro-, pondrían en riesgo la existencia misma de la sociedad que los reciba. Así las cosas, la víctima es re-significada en victimario, lo que reduce la posibilidad de analizar la tragedia del destierro global de nuestros días en el marco de los graves problemas y desequilibrios económicos catastróficos que el neoliberalismo y su complemento, el colonialismo, han gestado en nuestro mundo. Si se quiere, acá tomaría mucha pertinencia el diagnóstico de Alain Badiou sobre la distribución global de la riqueza:

Tenemos entonces una oligarquía del 10% y, luego, una masa de desposeídos de más o menos la mitad de la población mundial: es la masa de la población desposeída, la masa africana y asiática en su abrumadora mayoría. El total representa cerca de un 60%. Queda un 40%, que es la clase media y la que se reparte, penosamente, el 14% de los recursos mundiales. (…) El primer efecto impactante de todo lo que acabo de recordar es que este desarrollo desigualitario no tiene precedente. Hasta la derecha parlamentaria se inquieta a veces por ello. Las desigualdades son tan monstruosas que, habida cuenta del debilitamiento de los Estados, ya no se sabe cómo mantener el control de sus efectos en la vida de las poblaciones. (Badiou, 2016)

Entonces, al irse radicalizando esa gramática de re-significación y avanzando su evidente materialización (la puesta en marcha del plan de deportación masiva que se firmó entre la UE y Turquía el pasado mes de marzo y el creciente favoritismo de Donald Trump y sus propuestas anti-inmigrantes en la carrera presidencial en los EEUU son claros ejemplos de ello) los desterrados y refugiados quedan más contenidos dentro del conjunto de las amenazas que en el de las víctimas y se pierde la posibilidad de realizar una evaluación estructural de los resultados catastróficos del neoliberalismo y, por ende, la posibilidad de plantearnos alternativas lo suficientemente sustanciales para generar los cambios en la economía y política global que se puedan requerir.

Es decir, esta re-significación contiene dos aberrantes consecuencias. Primero, al entender a los refugiados como una amenaza se abre la puerta a que se disponga de ellos con las armas de la violencia y del rechazo y, además, al pensar que son bárbaros que vienen a destruir, se elimina la opción de entender que la tragedia que millones de personas viven es resultado directo de la manera como los poderes imperiales y coloniales, gestados dentro de la modernidad, han definido las jerarquías de poder global y por tanto, los andamiajes de la economía y la política en el mundo.

Ante este panorama, se requiere, entonces, entrar en la lucha por la construcción de los significados en la política, en la academia y en el sentido común, siendo el de los refugiados un significado estratégico que debe ser disputado. Ya que dejar que sean lo viejos poderosos (herederos de las castas coloniales) los que sigan construyendo los significados sería aceptar que su poder es totalmente hegemónico e inobjetable. Lo que nos llevaría a que las viejas técnicas de autoridad represiva, como las formalizadas por la UE, sigan siendo lo normal.

Para finalizar, si tenemos en cuenta las anteriores palabras de Badiou, que más de la mitad de la población mundial se componga de personas desposeídas, nos debe llevar a darnos cuenta que el camino que hemos tomado para nuestra existencia en este mundo ya ha causado demasiada miseria y que, por tanto, urge ser sensibles a las estrategias de perversión que los viejos poderes ponen en marcha, como la que se ha venido desarrollando en contra de los refugiados, para poder marcar nuevos trazos de ideas y acciones políticas y cotidianas que, como plantea Castro-Gómez (2016), permitan la materialización de manifestaciones de resistencia y re-existencia.

 

 

 

Referencias

Badiou, Alain (2016). Nuestro mal viene de más lejos. Madrid: Clave intelectual

Castro-Gómez (2015). Revoluciones sin sujeto: Slavoj Zizek y la crítica del historicismo posmoderno. Madrid: Akal.

 

 

Fuente: Fracturas Políticas

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