EL ABSURDO DEL SUEÑO EUROPEO por Enric Llopis

La película “Esperando a Europa: bienvenidos a un continente surrealista” del director Samuel Sebastian  se rueda en Valencia

 

Escena ocho, toma uno. Mem Hassaf, un refugiado kurdo de 26 años –en la película y en la vida real- repasa siete letras, “waiting”, grabadas en la arena de la playa. Con flema, sólo escucha el susurro del mar. Oye de pronto un grito. Alza la vista, y corre despavorido hacia el agua. En la escena anterior una refugiada china que le acompaña, Zhzfez Hao, de 23 años, pasea por la orilla del mar con una caña. De pronto intuye un cuerpo. Se trata de un náufrago, africano, que llega a la isla. Grita muy asustada “Mem”, “Mem”, que corre a ayudarla. Tratan de socorrer al joven senegalés a la deriva y, agarrándolo del brazo, lo arrastran hasta la playa. Son algunos fragmentos de la película “Esperando a Europa: bienvenidos a un continente surrealista”, que actualmente rueda en Valencia el director Samuel Sebastian. En octubre estrenará en el festival de cine de Bogotá su filme anterior, “La larga noche de la imaginación”, también protagonizada por personas refugiadas y en la que está presente la falta de entendimiento entre culturas, las guerras y la represión policial. En “Esperando a Europa” quiere reflejar cómo el viejo continente abandona a quienes aspiran a llegar a la isla (Europa).

Quien se salva de la muerte en el mar es Abdoulaye Sy, de 36 años y origen senegalés. Representa al “resignado” dentro del reparto de actores refugiados que participan en la película. Le agrada el personaje, cuenta, mientras espera al vehículo que le trasladará al rodaje en la playa de El Saler. Ha participado ya en dos películas: “La larga noche de la imaginación” y el cortometraje “Barcelone ba Barsakh”, que plantea el dilema trágico de los emigrante senegaleses que viajan a España. O alcanzan sus sueños en la capital catalana, o perecen en el cayuco (Barsakh: la otra vida, el más allá). Cuando llegan a Europa, les espera la descarnada realidad de los “papeles”, la lucha por la vivienda y el empleo, los CIE, las redadas policiales y la xenofobia cotidiana. Abdoulaye lleva cuatro años viviendo en Valencia y es voluntario de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Actualmente está en el paro, pero ha trabajado en un almacén de limpieza durante tres meses y, en ocasiones, recogiendo naranjas.

Otro de los protagonistas de “Esperando a Europa”, Mem Hassaf, vive en Valencia desde hace dos años y medio. Cuando residía en el Kurdistán sirio, en Qmishlo, trabajaba de enfermero al tiempo que estudiaba Derecho. Pero en 2012 tuvo que exiliarse por la guerra de Siria. Pasó por Turquía, por diferentes países de Europa, en Suecia consiguió empleo en la hostelería y así, hasta que recaló en España. Después de laborar en un restaurante, ahora capta socios para ACNUR, que le paga muy poco. Participó en el filme “La larga noche de la imaginación” y, antes, en diferentes obras de teatro con CEAR. Mientras repasa el guión en la playa, dice que su personaje tiene unas expectativas muy altas de Europa. “Espera alcanzar la tierra prometida, la Europa que está en los sueños de los países del Sur”. Y se topan con la realidad, pues califica de “vergüenza” el trato que se les otorga. Otros países –Líbano, Jordania, Turquía, Pakistán o Kenia- reciben a millones de refugiados. Sobre la responsabilidad de los gobiernos, se remite a la historia de la colonización, de la actuación de Francia y Gran Bretaña en Oriente Medio. “Y ahora cuando hay un conflicto como el de Siria, dicen que no es su problema”.

Argumentos similares al de “Esperando a Europa: bienvenidos a un continente surrealista” pueden rastrearse en los clásicos. En 1611 Shakespeare estrenó “La tempestad”, drama que bebe de la comedia del arte italiana y corresponde a la parte final de su obra. En un ambiente de hadas, magia y personajes monstruosos, el usurpador Antonio arrebata el poder a su hermano Próspero, duque de Milán. Éste y su hija Miranda fueron dejados a su suerte en el mar, sobre una barca. En la obra teatral, Próspero arriba a una isla desierta, de la que fue expulsada la hechicera Sycorax. En este punto comienza la obra, con una fuerte tormenta. Shakespeare escribió “La tempestad” en los albores de la colonización británica de Norteamérica. En “Esperando a Godot”, un texto inscrito en el teatro del absurdo y que Samuel Beckett publicó a finales de los años 40, aparecen dos vagabundos –Vladimir y Estragón- que aguardan durante toda la pieza la llegada de un supuesto Godot. No llega a saberse nada de tal personaje, ni qué ha de tratarse con él. Aparece el cruel Pozzo, su esclavo Lucky y un joven que avisa de que el misterioso Godot hoy no llegará, pero tal vez mañana… No ocurre nada decisivo en la obra, todo se repite y está ausente de cualquier significación. Los protagonistas del trabajo de Samuel Sebastian esperan, también, la llegada de Europa.

Escena nueve. Junto al cuerpo del náufrago senegalés aparece en la orilla un nuevo personaje, la refugiada colombiana Diana, de 36 años. Zhzfez rompe el silencio con un grito desgarrador (“Zhè èr you liang ge rèn”, “hay dos cuerpos”). Mem acude veloz, y entre ambos, los consiguen sacar del mar. Ya en la playa, con los dos cuerpos exhaustos en el centro del plano, Mem y Zhzfez se expresan con enorme vehemencia en sus lenguas, kurdo y chino. Se muestran desbordados por los hechos. En la playa solitaria, quien ha irrumpido es Diana Carolina González, natural de Bogotá y con 17 años de residencia en España. Representa el papel de la refugiada llena de frustración, ira y coraje por un sueño europeo que no lo es. Furiosa, dice en un momento del filme: “Si me hubiesen descuartizado en Colombia, ya no sufriría más”. Licenciada en Ciencias Políticas, termina actualmente un máster de cooperación al desarrollo en la Universidad Politécnica de Valencia. Cuenta con la residencia comunitaria, y está a la espera de la nacionalidad española. ¿El Proceso de Paz en Colombia? Se muestra a favor de las negociaciones, tras una guerra civil de más de 50 años. “Pero también es un ‘juego’ que Santos les está haciendo a los colombianos; parece algo como muy prediseñado, una cosa es la firma pero luego queda todo lo demás”.

La versión en “cortometraje” de la película se estrenará el 11 de octubre en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) en Valencia, dentro de la Mostra Viva del Mediterrani que se celebrará entre el 7 y el 16 de octubre. El día 14 del mismo mes se presentará en el Centro Cultural “La Fábrica de Hielo”, en el barrio valenciano de El Cabanyal. El filme tiene un punto de partida en el anecdotario vital del director. Fue hace muchos años, buceando en las islas Baleares, cuando al volver a la superficie se topó con una roca. Aparentemente un elemento banal, pero para una persona migrante o un refugiado la llegada a una simple roca implicaría hallarse en Europa. “Me imaginé que aquí había un historia”, apunta Samuel Sebastian. Habitualmente elige actores no profesionales, tal vez por su naturalidad, o por el paralelismo entre las biografías y lo que las películas cuentan. Pero lo que realmente le importa es que se trate de buenos actores. ¿Ha llegado con los años a forjarse un estilo propio, o le condicionan las influencias de otros? “Desde 2011 elegí mi estilo y procuro que no se parezca al de otros; y que las historias tampoco sean similares a las ya tratadas”. Considera que es cómodo imitar, ya que la creación implica la búsqueda de novedades. ¿Prima el fondo o la forma? “Son igualmente importantes”, responde.

En el descanso del rodaje, Zhzfez Hao destaca que vive desde enero de 2016 en Valencia. Trabaja de traductora en el municipio de Torrent, en una fábrica para la reparación de máquinas. Subraya como lo más importante que las autoridades faciliten las cosas a quienes desean llegar a Europa. “Más facilidades con los visados”. Es su primera película, “Esperando a Europa”, que se inscribe en el proyecto “La nostra ciutat, el teu refugi” impulsado por CEAR, Accem y Cruz Roja, y financiado por el Ayuntamiento de Valencia. Se prepara para interpretar la escena 13, en la que se precipita junto al compañero kurdo sobre los cuerpos, yacientes en la arena, de Abdoulaye y Diana. Poco a poco se esfuerzan en levantarse… Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 3.207 migrantes y refugiados murieron ahogados en el mar Mediterráneo entre enero y septiembre de 2016.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216832

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s