ATROCIDADES A LA VENTA

Es la brutalidad convertida en entretenimiento colectivo a través de la red, en busca de los ‘me gusta’, la fama rápida y el elogio de una sociedad que, con su difusión, aplaude estos actos.

Por el precio de un tetrabrik de leche o dos kilos de arroz, se puede comprar en India el vídeo de una violación real a una mujer grabado con el móvil. El mercado de este tipo de imágenes escalofriantes tiene lugar en Uttar Pradesh, al norte del país, y las autoridades reconocen que será muy complicado pararlo.

Se trata de vídeos de violaciones en grupo que duran entre 30 segundos y cinco minutos y cuestan entre 50 y 150 rupias (0,65 y 2 euros). Son grabados por los agresores con el teléfono y vendidos de forma clandestina en ciudades como Agra, Meerut o Bareilly, según informó la prensa india recientemente. Para conseguirlos, basta con acudir a la tienda con un teléfono o un pendrive, o con pagar la descarga a través de una plataforma en la red en la que se cuelgan estas grabaciones caseras.

Tras dar al play, se ve lo peor del ser humano. Una mujer en el suelo, atrapada por un grupo de hombres que, como serpientes, se cuelan en su ropa sin que nadie escuche sus quejidos y acuda a salvarla. Después de los tocamientos, y entre las risas de los participantes, comienza la violación en grupo. La escena vuela de móvil en móvil o en el universo de internet.

“Somos conscientes. Estamos tomando las medidas necesarias, pero es difícil, ya que las ventas se producen bajo el mostrador”, dijo Ajay Sharma, adjunto al inspector general de la policía de Agra. En las últimas semanas en Uttar Pradesh se han conocido varias violaciones en las que las mujeres agredidas aseguraban que el crimen había sido grabado con móviles.

Esta tendencia tiene una explicación. Los vídeos snuff de corta duración son un negocio a la vez que una herramienta para chantajear e intimidar a la mujer violada, con el objetivo de que no denuncie lo sucedido ni ante la policía ni ante su entorno y evite así un escarnio que le conduciría a sentir vergüenza entre su comunidad y a la deshonra familiar por el agravio sufrido. Ese miedo en ocasiones acaba en suicidio. En junio una chica de 21 años se ahorcó en Tamil Nadu después de que se difundiesen en Facebook fotos suyas manipuladas en las que aparecía desnuda. Semanas después, otra joven de la misma edad se quitó la vida en Uttar Pradesh cuando descubrió que no sólo se estaban compartiendo en las redes sociales fotos suyas sin ropa, sino que en su pueblo se vendían copias por 3 rupias entre los vecinos.

No sólo las mujeres son cosificadas por sus agresores, quienes las convierten en un objeto de humillación en la red. La búsqueda de la burla colectiva a través de vídeos se expande a los grupos más desfavorecidos de la sociedad india. El último caso polémico tuvo lugar el mes pasado, cuando un grupo de hindúes radicales desnudó parcialmente y golpeó con palos a cuatro jóvenes ‘intocables’ a los que acusaban de haber matado a una vaca. La paliza fue grabada y subida a internet, como desprecio a los agredidos y como advertencia al resto de la comunidad dalit. Tras hacerse viral, explotó la ira de los parias, que desde entonces protestan contra todas las vejaciones que sufren a manos de las castas superiores.

“La violencia contra los más débiles de la sociedad siempre ha existido en India”, señala el sociólogo Gaurang Jani, citado por Quartz. Pero ahora, con el auge de la difusión de vídeos en la red, “las personas se han dado cuenta de que no habrá grandes repercusiones contra ellas. Así que alardean. La violencia, en cierto modo, se está convirtiendo en cultura de masas”, añade el profesor de la Universidad de Gujarat.

Tras los parias, el escalafón más bajo de la pirámide social hindú, le toca el turno a los animales, que tampoco se salvan de las torturas filmadas por el ser humano. Recientemente en India han corrido por internet varios vídeos en los que jóvenes sin ningún reparo en mostrar orgullosos sus caras disfrutaban martirizando perros. En una grabación de tres minutos difundida en Facebook se puede ver a un grupo de menores quemando vivos a tres cachorros en una hoguera. En otra, también viral, un hombre dispara con una escopeta de aire comprimido a dos perros; uno se salva y huye entre gritos de dolor, el otro cae desplomado tras el disparo.

Ambos vídeos saltaron a la red pocos días después de que lo hiciese otro en el que un estudiante de medicina en Chennai lanzaba a un perro desde un tercer piso. Es difícil quedar indiferente al escuchar las risas del protagonista cuando el animal golpea contra el suelo. Tanto él como el amigo que grabó la escena fueron detenidos posteriormente. Una de sus copias lleva más de 46.000 visitas en Youtube. A su lado, la plataforma enlaza a grabaciones similares que tienen lugar no sólo en India. Es la brutalidad convertida en entretenimiento colectivo a través de la red, en busca de los ‘me gusta’, la fama rápida y el elogio de una sociedad que, con su difusión, aplaude estos actos.

 

(Con información de El Mundo)

 

Tomado de http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/08/23/india-atrocidades-a-la-venta/

 

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