LA IDENTIDAD, UN ARMA por Ernesto Montero Acuña

Nicolás Guillén nos retrotrae a las raíces del Caribe en su poema El apellido, la muy conocida elegía sobre los que sufrieron el profundo drama de la amputación de la identidad, como reflejan sus versos:
“Y bien, ahora os pregunto:

¿No veis estos tambores en mis ojos?

¿No veis estos tambores tensos y golpeados

con dos lágrimas secas?

¿No tengo acaso

un abuelo nocturno

con una gran marca negra

(más negra todavía que la piel),

una gran marca hecha de un latigazo?”
“¿No tengo pues

un abuelo mandinga, congo, dahomeyano?

¿Cómo se llama? ¡Oh, sí, decídmelo!

¿Andrés? ¿Francisco? ¿Amable?

¿Cómo decís Andrés en congo?

¿Cómo habéis dicho siempre

Francisco en dahomeyano?

En mandinga ¿cómo se dice Amable?

¿O no? ¿Eran, pues, otros nombres?”
“¡El apellido, entonces!

¿Sabéis mi otro apellido, el que me viene

de aquella tierra enorme, el apellido

sangriento y capturado, que pasó sobre el mar

entre cadenas, que pasó entre cadenas sobre el mar?

¡Ah, no podéis recordarlo!

Lo habéis disuelto en tinta inmemorial.

Lo habéis robado a un pobre negro indefenso.” (1)
Por este drama inolvidable el Caribe reclama compensaciones -que se le niegan o se dilatan con subterfugios- a cambio de aquellos africanos arrastrados sobre el mar, aunque se trate de una cifra cuya verdadera dimensión nadie sabe.
Se asegura que fueron hasta 60 millones, en América toda, donde se les sometió a las culturas inglesa, francesa, neerlandesa, portuguesa y española, a las que luego enriquecieron, hasta conformar el variado abanico que es hoy el Caribe oceánico.
Mas, en este medio acuático y tumultuoso de países yace aún no menos de una tercera parte de aquellos hijos del terrible desarraigo, por no haber llegado nunca a su terrible destino. Al mar inmenso fueron arrojados como cadáveres o como inútil lastre.
Es obligado recordarlo y reclamar por esto las veces necesarias, sobre todo en el aniversario 130 de la abolición de la esclavitud en Cuba, un hecho que ya nunca podrá restituir a los sobrevivientes el apellido originario.

Cuba fue una de las primeras colonias en recibir a esclavos africanos como fuerza de trabajo, debido a la acelerada extinción de los habitantes indígenas, como consecuencia de la explotación y la crueldad de los colonizadores, en su ambición desmedida hacia las riquezas naturales de las tierras usurpadas.
Para que se cumpliera tal designio el rey Carlos I de España autorizó en 1517 la introducción de cautivos africanos, si bien se conoce que desde dos años antes las autoridades de Santiago de Cuba habían reclamado al monarca el envío de doce negros desde La Española, isla que hoy alberga a Santo Domingo y Haití.
Desde los primeros años de colonización hasta la ocupación de La Habana por los ingleses, en 1762, se trajeron a la Isla unos 60 mil africanos, aunque a posteriori, hasta la abolición de la esclavitud en 1886, se sometió a casi un millón más.
Se asegura que en 1867 existían en este territorio 345 mil 741 esclavos, 22 mil 809 menos que en 1862. A ello debe añadirse que en 1877, hacia el final de la Guerra de los Diez Años, la cifra había descendido a 150 mil 566, equivalentes a la mitad en relación con 1862.
Como refleja Guillén en su poema antológico, a todos se les despojaba de su verdadera identidad, asignándoles apelativos carentes de significado para ellos. Si bien los esclavos rechazaron la denominación impuesta, por ajena a su cultura, lo cierto es que tuvieron que asumirla por generaciones sucesivas, hasta las actuales, obligadas a adoptar, como válida, la de entonces.
Conservar algún nombre secreto fue el recurso ante la imposición, pero la denominación europea debió ser una de las agresiones más violentas, amén de las físicas, para los sometidos al cruel dominio y al desarraigo mortal debidos a la esclavitud.
Provenientes de las actuales Nigeria, Congo, Angola, Guinea, Mozambique y otros territorios, fueron imprescindibles como mano de obra en el fomento de la expansión azucarera, en virtud de lo cual se introdujo más de medio millón solo en el siglo XIX.
Existen evidencias de que algunos esclavos de este origen, los primeros, fueron traídos por el conquistador Diego Velázquez, en 1510, cuando arribó desde la Española, de la cual provino para la colonización.
Fernando Ortiz asegura en Los negros esclavos que en 1518 los había aquí, aunque se ignora si fueron traídos mediante la introducción libre o gracias a las primeras licencias –lo que se considera más probable- de vecinos de Santiago de Cuba, quienes en aquel año las obtuvieron.
El texto la Esclavitud en Cuba, de Wikipedia, refiere: “Nos consta de manera indubitada que cuando Hernán Cortés partió de Cuba para la conquista de México, en 1518, llevó consigo algunos negros de esta isla, que utilizó junto con los indios para el arrastre de la artillería a través del suelo azteca.” (2)
Los habitantes de origen hispano en la isla, se asegura, se convertían en vecinos incapaces de trabajar, dominados por ambiciones de grandes riquezas e ínfulas de señores, aunque hubieran salido de las prisiones para completar las expediciones al llamado Nuevo Mundo.
José Antonio Saco consideraba, en el siglo XIX, que históricamente, de 1512 a 1514, “ya se habían introducido” los primeros africanos, aunque en su obra La Historia de la Esclavitud explica que no vinieron los amos con los primeros negros, sino poco después.
En cualquier caso, se trata de un drama que la palabra diáspora/exilio, (3) como “dispersión de un pueblo por varios lugares del mundo”, del modo que se aplica a la comunidad judía, no alcanza a reflejar, si bien tampoco se ignora el verdadero sufrimiento del pueblo hebreo, aunque una parte de este parezca haberlo olvidado.
La población judía se expandió por el mundo conservando su cultura, sus creencias, su identidad y se incorporó a naciones que enriqueció, si bien en algunas fue sometida a crímenes brutales, pero a posteriori. Fue expulsada de sus tierras, pero no incorporada como fuerza de trabajo esclava. Es preciso distinguirlo, para no adulterar los términos.
Algo que Nicolás Guillén no hizo respecto de los de su origen: “Siento la noche inmensa gravitar/ sobre profundas bestias,/ sobre inocentes almas castigadas;/ pero también sobre voces en punta,/ que despojan al cielo de sus soles,/ los más duros,/ para condecorar la sangre combatiente”. (4)
Sus atributos fueron impuestos con la poesía como única arma.

 

(1) Nicolás Guillén: Elegías, El apellido, Obra poética, tomo I, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2011, pp. 250-251.

(2) Wikipedia: Esclavitud en Cuba, digital, s/a.

(3) Indica el destino de los israelitas que fueron llevados al exilio del Reino de Israel durante el siglo VIII a.n.e y del Reino de Judá durante el siglo VI a.n.e.

(4) Nicolás Guillén: Ibídem, p. 252.

 

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